Sin que cursara una sola materia, sin que se presentara a una sola clase, sin otorgarle título alguno, sin saberlo si quiera, Queens College hizo de Amanda Tovalin una cantante profesional. El requisito de presentar un tema original en la audición para ingresar a la universidad newyorkina, fue el desenlace de un proceso que venía gestándose desde la infancia a partir del hallazgo del blues, de la seducción inexplicable que ejerció sobre ella un violín, de la necesidad de explicarse el mundo y entenderse a sí misma a partir de la palabra cantada.
Hace poco muy poco tiempo, Amanda Tovalin era una joven que luchaba por explorar su vocación, hoy es una jazzista consolidada. Igual que a Silvio Rodríguez, la necedad la hizo parir un sueño: en solo tres años su voz, su violín y su capacidad compositiva han ocupado un espacio en la escena nacional y, gracias a la magia de la tecnología, han trascendido nuestros límites geográficos para resonar en mundos que no tenían la menor idea de que serían cautivados por el canto de una joven sirena mexicana. Amanda se ha hecho a la mar y no habrá muro que la detenga.
El pasado martes, a las nueve y media de la noche, como lo habíamos acordado, marqué su número telefónico y del otro lado brotó una voz casi infantil y dulce que me narró la historia de una niña que nació con una voz llena de sueños que empiezan a derramarse.

En el principio fue el blues…

Soy Amanda Tovalin, nací en la Ciudad de México, mi mamá es de Belice y mi papá es de la Ciudad de México pero mis abuelos son del norte, de Monterrey y de Chihuahua. Mi papá es doctor, mi mamá es psicóloga entonces en mi casa nunca tuve compañeros músicos o alguien que me animara a estudiar música formalmente. Lo que tenía mi mamá, sobre todo, era un excelente gusto musical. Los dos son extremadamente melómanos y recuerdo que cuando estaba pequeña ponían unos discos muy bonitos.
A mi papá le gusta la música latinoamericana y mi mamá siempre fue de un gusto más inclinado al rock progresivo. Una vez mi mamá llegó muy contenta porque había comprado una colección de discos de blues, los escuché y me atraparon porque para mí era algo muy nuevo. Me empecé a robar poco a poco esa colección (risas), de hecho hasta hoy en día la tengo, entonces, mi primer acercamiento fue con John Lee Hooker, con John Mayall, cosas así.
Siempre me sentí muy apasionada por la música pero no tenía alguien que me motivara a estudiarla formalmente, mis papás hicieron lo que pudieron, me apoyaron con clases privadas, obviamente, con la condición de que estudiara algo porque, cuando uno no tiene parientes músicos, siempre existe el miedo por saber de qué vas a vivir, qué vas a hacer.

Primero sueño

Me metí estudiar Historia del Arte en el Claustro de Sor Juana y estudié varias cosas más pero la verdad es que no me sentía completamente contenta con esa carrera porque, aunque es muy bonita, yo sentía que algo me faltaba.

Amanda Tovalin (Foto: Héctor V. Ayala)

El violín me gustaba desde pequeña y le pedí a mi papá que me comprara uno, al principio no creía que iba a tomármelo en serio pero me apoyó. Empecé tomar clases y me di cuenta de que entre más avanzaba, más hambre me daba de estudiar, de aprender más hasta que llegó el momento, hace cuatro años, en el que ya no estaba contenta con la carrera que estaba estudiando y le abrí mi corazón a mi papá y me dijo pues bueno, ¿por qué no buscas una cantante que te guste mucho y le pides que te dé clases? En ese momento, la primera cantante que surgió en mi cabeza fue Magos Herrera, le escribí, le expliqué mi situación y me dijo que me podía audicionar. Fui a su casa, la conocí, me apoyó mucho, me dio mi primer acercamiento al jazz contemporáneo porque hasta entonces yo conocía música que oía y cosas que investigaba pero, por ejemplo, no estaba muy sumergida en la escena local, que es algo muy importante, y ella fue la que me empezó a presentar proyectos locales. Un día le dije que quería estudiar música y me dijo ¿por qué no audicionas para Nueva York?

La necedad parió conmigo

Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.
(El Necio. Silvio Rodríguez)

Era lo que siempre había querido y ya tenía el apoyo de mis papás entonces empecé a prepararme para audicionar para entrar a Queens College, en la convocatoria me pedían que cantara algunos standards y una canción original. Para mí eso fue como un parteaguas porque yo ya tenía compuestas algunas canciones pero nunca se las había mostrado a nadie, eran, más bien, pequeños ejercicios que yo hacía.
Magos me dijo oye, hay un pianista muy bueno que se llama Alex Mercado, él te puede ayudar a aterrizar tus canciones y a grabar tu audición. Conocí a Alex, le mostré mis canciones y me dijo están muy lindas, creo que podríamos grabarlas muy bien. Junté a un equipo de músicos, algunos de los cuales todavía tocan conmigo hasta la fecha como Erick Alfaro, Alex Mercado, Alonso Magaña. Grabamos y me aceptaron en la escuela de Nueva York pero nunca pude ir porque, a partir de ese momento, todo ha sucedido muy rápido.
Cuando ya estaba el disco me dijeron ¿por qué no lo mandas al IMER para que lo transmitan? Lo envíe y empezó a gustarle a la gente, lo subí a SoundCloud y empezó a recibir algunas críticas positivas. Mi hermana me dijo ¿por qué no lo fondeas para sacarlo al público? Era un EP que tenía solo cuatro canciones porque era para la finalidad de la audición pero ya lo tenía hecho entonces dije bueno, ¿qué puede pasar? y lo metí a Fondeadora.
Fue muy bonito porque había gente que me decía a lo mejor no te puedo dar dinero pero me ofrezco a diseñar la portada. Cuando menos lo pensé, ya teníamos el disco editado y empezamos a recibir algunas cartas de países como Argentina, Chile y Colombia diciendo que les había gustado la música, que quién era yo, que les había gustado el proyecto y ahí fue cuando me di cuenta de que esto ya iba muy en serio, que era algo que me estaba apasionando mucho.
El disco se llama Amanda Tovalin, así nomás (risas) y los músicos que grabaron son Alex Mercado y Omar Hernández en el piano, Alonso Magaña en la guitarra, Yaet Garibaldi en la flauta, Gustavo Salas en el vibráfono, Erick Alfaro y Diego Pérez en el contrabajo y Axel Margo y Miguel Manríquez en la batería.
Nunca pude ir a la escuela (risas) como era mi intención y más bien, a partir de ese momento, nos la hemos pasado mejorando el proyecto. Eso fue en el 2014, hace tres años.

(CONTINÚA)

SEGUNDA PARTE: Iniciales en el cielo
TERCERA PARTE: El pájaro, la flor, el corazón




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