1. Que todos los delincuentes que andan sueltos (todos, desde Javier Duarte hasta el funcionario de menor rango; todos, los agresores de Ana Guevara y los de las miles de mujeres mexicanas que diariamente son víctimas de cualquier tipo de violencia; todos, los asesinos, los secuestradores, los extorsionadores, los corruptos; todos, absolutamente todos) sean capturados, tengan un juicio justo y permanezcan en prisión el tiempo que corresponda a la magnitud de sus delitos, ni un día más pero ni un minuto menos.
  2. Que se acabe el autoritarismo, la represión, la intolerancia, la persecución de los disidentes y de las voces incómodas.
  3. Que no haya más madres buscando a sus hijos con el corazón hecho trizas, más padres devastados, más familiares con el alma herida, más personas acongojadas por la ausencia inexplicable de un amigo. Que se sepa el destino de todos los desaparecidos, que se castigue, pero en serio, a los culpables y que no haya un solo caso más de desaparición o secuestro.
  4. Que todo mundo tenga la libertad de enamorarse y formar un hogar con quien se le dé la gana, independientemente de su preferencia sexual, color, condición social o credo. Que nadie atente contra ese derecho, ningún argumento es válido para coartarlo.
  5. Que los candidatos, en vez de despensas, láminas y playeras, repartan versos, cuadros, discos, boletos para los teatros y los museos, y después, que cada quién decida libremente a quién entrega su voto. Que se acaben los fraudes y las chapuzas electorales.
  6. Que no haya ni una guerra más, ni un atentado, ni un solo crimen de odio.
  7. Que Donald Trump construya un muro circular alrededor de sí mismo, que quede atrapado en su interior y no pueda salir a hacerle daño al mundo (si lo hace, con gusto lo pagamos).
  8. Que cada quien persiga un sueño, que no se canse hasta alcanzarlo, y después que siga otro y luego otro y en eso se le vaya el todo año.
  9. Que haya vino y pan en todas las mesas, risas en todos los rostros, paz en cada noche de cada persona buena.
  10. Que, en fin, los buenos ganen la partida.

Hemos vivido un año atroz, es difícil estar tranquilos y hacer a un lado el encono pero hay que intentarlo porque para eso, para ser felices, estamos en la tierra. Sucumbir ante la ignominia o el infortunio es firmar la rendición, no debemos permitirlo. Hay que ser felices más allá de la pared de enfrente, cantar, brincar, carcajearse y hacer el amor como loquitos, con esas armas se construye la victoria. Hay que buscar la dicha a toda costa, vale la pena hacerlo porque aún hay flores en el mundo, miles de colores nuevos en el cielo y un montón de locos urdiendo maravillas que esperan nuestra llegada para que participemos del acto de la comunión y el milagro pueda consumarse.

Esta columna me está pidiendo un descanso, se lo concederé porque ha chambeado duro todo el año. Regresamos, la columna y yo, el lunes 9 de enero, reencontrémonos aquí.

¡Feliz año para todos! ¡Salud!

Jazz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

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