Hoy es el último día del gobierno que inició Javier Duarte y que, tras su fuga criminal, habrá de concluir Flavino Ríos Alvarado. Se cierra un ciclo de doce años, que será recordado como la etapa más sombría del Veracruz contemporáneo.

Así, la pesadilla se hace presente, pero cambia de protagonistas. Para los más, para millones de veracruzanos, se acaba esta especie de medioevo distinguido por el oscurantismo de la corrupción, la frivolidad y la ignorancia. Se acaba un gobierno arrogante que vio en la función pública de Veracruz una puerta abierta al enriquecimiento inimaginable.

Hasta ahora, sólo hemos visto la punta del iceberg. Hemos conocido de la delincuencia organizada en torno al Gobernador Javier Duarte, su familia y sus amigos. No tengo duda que Javidú no tiene la menor idea de lo que posee y que los medios le han ido ilustrando: propiedades en México y el extranjero, empresas, cuentas bancarias y decenas de etcéteras. Tal vez Karime lo tenga más claro.

 ¿Pero acaso sólo en ese grupúsculo se diluyeron miles de millones de pesos de los veracruzanos? No lo creo. A partir de hoy conoceremos más y más historias de la barbarie que fueron estos seis años. Y quienes decidieron quedarse “a limpiar su nombre”, podrían arrepentirse más pronto que tarde.

Es evidente que los problemas no se resolverán de un día para otro. Los hospitales seguirán padeciendo desabastos, habrá insuficiente capacidad para prestar servicios; los agricultores y ganaderos seguirán esperando de más apoyos para resurgir la producción; las escuelas seguirán ingeniándoselas para no caerse a pedazos. Habrá muy pocos recursos para desarrollar infraestructura que detone comunicaciones y empleo. Los Ayuntamientos seguirán pasando apremios para contar con recursos suficientes.

Y miles de acreedores tampoco encontrarán una respuesta inmediata. Tal vez el pago de salarios vuelva a la normalidad, una vez que sean destinados para lo que están etiquetados y que desde siempre debió ser sagrado.

No habrá un nuevo día. Y tal vez la desazón continúe por un largo tiempo. Pero en el fondo, muchos veracruzanos saludarán con entusiasmo la defunción del duartismo. Será una especie de alivio esperanzador de que no habrá, al menos de ese clan, más sátrapas esquilmando cuanto centavo caía a la cuenta estatal. Sentirán que de algún modo habrá acabado la pesadilla.

Pero mientras unos se sacuden de ella, para otros, los que caen del paraíso, apenas comienza. Para muchos funcionarios, los que tienen conciencia y los que no, hoy empieza el primer día del resto de sus vidas.

Muchos podrían ir a la cárcel, otros más al exilio, los más afortunados, al ostracismo que al menos les permita continuar en libertad con sus atribuladas vidas. Vaya, hasta quienes cruzaron el pantano sin manchar el plumaje se podrían ver envueltos en el tsunami justiciero que se aproxima.

Para ellos la pesadilla apenas empieza. La oferta de campaña no será demagogia, sino que se convertirá en una revancha atroz y sin cuartel. La primera señal de que la pesadilla va en serio es la designación del nuevo Fiscal General del Estado, Jorge Winckler, un abogado incondicional del nuevo Gobernador y que representa, sin duda alguna, el principal enemigo del Fiscal saliente.

La expresión de Luis Ángel Bravo de este lunes cuando nombró a su sucesor como Visitador General puede ser premonitorio de lo que está por venir. Cuidó las formas, utilizó un lenguaje conciliador y adecuado, pero no se resistió a criticar la inexperiencia –tema absolutamente cierto y del dominio público- de Jorge Winckler. Adentro de la FGE se ha iniciado un carnaval de culpas y traiciones, como la que sucederá a partir de mañana en toda la estructura gubernamental.

No hay duda que en los días por venir, las penurias de los exfuncionarios serán proporcionales al glamour y ostentación de que hicieron gala estos años.

Por lo que hace al nuevo gobierno, parece que ya no habrá muchas sorpresas. Esta mañana se dará a conocer de manera oficial lo que Notiver -un medio plenamente identificado como antiduartista y pro Yunista- adelantó ayer martes. Si los pronósticos se cumplen, es evidente que se premiará la lealtad antes que la capacidad.

La del estribo…

Decían que eran dichos de campaña y que el gobierno es otra cosa. Decían que la ley les protegía, que eran autónomos y no tenían por qué renunciar. Decían que habría respeto a los poderes. Decían que no temen a ser enjuiciados… ahora sí lo van a conocer.

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