Catemaco, Ver.- Una gran fogata con computadoras y muebles de oficina arde frente al Palacio Municipal de Catemaco. Su fuego solo se compara con el que se encuentra en cada uno de los departamentos que conformaban el sitio desde el que se gobernaba.

“Que aparezca el padre”, “Queremos al padre vivo”, gritan afuera.

Mientras, un grupo de jóvenes encapuchados recriminan al gobierno en turno la falta de trabajo en seguridad y aseguran que ahora serán ellos quienes cuiden el municipio.

Los documentos y equipo que estaban en el Palacio Municipal, una motocicleta de un policía y otros objetos arden en fuego bajo el reclamo de seguridad.

La desaparición del sacerdote José Luis Sánchez Ruiz provocó que una gran cantidad de jóvenes y algunos adultos llegaran a la cabecera municipal, provenientes de algunas comunidades y colonias del municipio llegaran exigiendo justicia.

Entre bloqueos y quema de patrullas, los manifestantes argumentaron que las oficinas municipales de poco servían pues no habían cumplido con la exigencia principal: seguridad.

“Ese de ahí era el Ministerio Público. Ibas y solo hacían papeles. No sirve de nada pues que se queme”, dijo uno de los jóvenes señalando una de las oficinas en llamas.

Otros jóvenes portan playeras, toletes, chalecos y escudos de la Policía Municipal. Según ellos esos utensilios son un adorno pues la policía no hace nada por la seguridad del pueblo.

Algunos jóvenes arrastran los escritorios, sillas y computadoras de los burócratas a la fogata principal, mientras que otros cuentan historias de corrupción de la Policía o incluso del temor que la corporación le tiene a los delincuentes.

“Le dices que te robaron y van y le piden una parte de lo que te quitaron”,  acusó uno de los jóvenes mientras se ajustaba la playera que usaba para cubrir no ser identificado y para evitar el humo que cubría todo el Palacio.

Ningún cristal quedó completo. Ninguna oficina sin fuego. Todo fue arrasado por jóvenes que aseguran es la única manera que los escucharán.

Afuera varias centenas de personas observan desde el parque o banquetas y aunque muchas no participan, la mayoría apoyan.

“El padre es pacífico. Pero no es la única. Si hasta la virgen del Carmen la destrozaron cuando robaron “,  dice una mujer contrariada al no saber que sentir sobre el fuego y los destrozos.

 

 

Ana Alicia Osorio/AVCNoticias