Un examen de imagen por resonancia magnética del cerebro es más eficaz para detectar mentiras que el tradicional polígrafo, creado en 1921, y que mide algunas reacciones psicológicas.

Investigadores de la universidad de Pensilvania explican en un comunicado de esta universidad que, cuando un individuo miente, algunas regiones del cerebro vinculadas a la toma de decisiones se activan, lo que puede ser detectado con imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf).

Otros estudios han mostrado a su vez la capacidad de IRMf de detectar mentiras con una precisión del 90 por ciento, mientras que la precisión del polígrafo varía mucho según las circunstancias.

La imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) es un procedimiento clínico y de investigación que permite mostrar en imágenes las regiones cerebrales que ejecutan una tarea determinada.

Los autores de esta investigación, cuyos resultados se publican en el Journal of Clinical Psychiatry, han establecido que neurocientíficos sin experiencia en la detección de mentiras son un 24% más susceptibles de detectarlas que los expertos en registros poligráficos.

Este estudio es el primero que compara las dos técnicas con los mismos individuos y reúne suficientes datos científicos que pueden convertir la IRMf en procedimientos penales.

El polígrafo detecta reacciones psicológicas como pulso cardiaco, presión sanguínea, respiración y transpiración, cuando una persona es interrogada.

Combinación potente

Sin embargo, además de comparar la precisión de uno y otro método, los autores hacen otra observación importante: en el caso de que las dos técnicas lleguen a las mismas conclusiones, el resultado sería 100% exacto.

Los investigadores señalan que si los dos métodos parecen complementarios, su trabajo no ha sido realizado para probar una utilización conjunta. Sin embargo, esta observación inesperada debe ser confirmada por otra experiencia.

En 2011, otra técnica basada en el análisis de una persona cuando habla fue desarrollada por investigadores de Bradford et d’Aberystwyth. El sistema consistía en una cámara de video térmica de alta resolución asociada a un conjunto de algoritmos capaces de diferenciar la verdad de la mentira, lo que ocurría en una tercera parte de los casos.

Esta técnica se basaba en el hecho de que, inconsciente e involuntariamente, las personas reflejan información a través de sutiles cambios en la expresión del rostro, así como a través de la circulación de la sangre.

Fuente: tendencias21.net