Los huesos son el botín más reciente de un tesoro escondido en el que se han encontrado estatuas de bronce, esculturas de mármol y el famosísimo mecanismo de Anticitera, un dispositivo parecido a un reloj que es considerado como la computadora analógica más antigua del mundo.

Desde que unos buzos recolectores de esponjas lo encontraron en el año 1900, el naufragio de Anticitera ha sido una oportunidad única para que los arqueólogos investiguen la cultura y prácticas mercantiles del Mediterráneo antiguo, gracias a la recuperación de joyas y pequeños ornamentos. Ahora, si los investigadores logran recoger información genética de estos restos humanos, obtendrán el mejor dato encontrado hasta ahora sobre las vidas de las personas que perecieron en este buque en el año 65 a. C.

“Sabemos que es el hallazgo de la década en términos de arqueología subacuática”, afirmó Brendan Foley, especialista en investigación en el Instituto Oceanográfico Woods Hole, quien ayudó a descubrir los huesos. “Esperamos tener los primeros resultados de ADN de una víctima de este antiguo naufragio a fines de este año”

Foley y sus compañeros descubrieron los restos mientras excavaban frente a la costa de la isla griega Anticitera a finales de agosto. Uno de los buzos le había avisado que habían encontrado algunos huesos largos unos 47 metros abajo. Mientras Foley nadaba en la zona pensó: “¡Santo Dios! allí hay un esqueleto completo”.

Los huesos largos resultaron ser el cúbito y el radio de un antebrazo. Enterrados en la arena también había un cráneo, una mandíbula superior con algunos dientes, algunas costillas y dos fémures.

Llamaron a Hannes Schroeder, un viejo investigador de ADN del Museo de Historia Natural de Dinamarca, para que los ayudara a determinar si podrían obtener información genética de estos huesos. Las condiciones microbianas, de oxígeno y de agua salina que hay en el lecho marino pueden afectar de manera negativa la conservación del ADN antiguo.

Sin embargo, Foley es optimista sobre la posibilidad de extraer un poco de material genético, ya que el equipo recuperó la porción petrosa del hueso temporal, que es la parte dura detrás del oído. El ADN recuperado de esta zona del cráneo suele estar mejor conservado que las muestras de cualquier otra parte del cuerpo, incluso mejor que los dientes.

No es la primera vez que los investigadores descubren restos humanos en este sitio. En 1976, Jacques Cousteau también encontró algunos huesos, pero no tenía la tecnología necesaria para hacer pruebas genéticas.

Schroeder aseguró que el equipo no realizó pruebas genéticas en los huesos que halló Cousteau porque no pudieron encontrar las muestras. No obstante, añadió, incluso si hubieran sabido dónde estaban estos restos, las pruebas habrían sido de poca utilidad debido a que muy probablemente estarían contaminados.

“Si analizamos esos restos hay muchas probabilidades de recolectar el ADN de los curadores o arqueólogos, en lugar de los restos antiguos”, explicó.

Los huesos hallados recientemente están mucho mejor preservados, añadió, y podrían proporcionar información sobre la procedencia de la persona a la que pertenecieron, así como datos sobre sus rasgos faciales y su dieta. Los planes son iniciar las pruebas genéticas en cuanto el equipo obtenga el permiso de las autoridades griegas.

“Solo podemos acercarnos verdaderamente a la historia de estas personas estudiando sus restos”, observó. “Esto nos ayuda a reconstruir la identidad de la persona y nos da información sobre qué tipo de gente emprendió este viaje hace 2000 años”.

Fuente: Nicholas St. Fleur / NYT