Este domingo, el presidente del CEN del PRI, Enrique Ochoa, fue trending topic nacional entre los usuarios de Twitter pero no debido a la firmeza mostrada por el líder priista al reiterar que no cederán a presiones ante el proceso de expulsión que la Comisión de Justicia Partidaria ha iniciado contra el gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa –a favor del cual se han publicado desplegados periodísticos de apoyo firmados por 20 diputados federales del PRI y PVEM, así como de los principales dirigentes de los sectores priistas del estado–, sino porque Ochoa Reza fue exhibido en la edición dominical del diario Reforma por haber cobrado 1 millón 725 mil 209 pesos de “liquidación” como ex titular de la Comisión Federal de Electricidad, pese a que en julio de este año renunció voluntariamente a la Dirección general de la CFE para sustituir a Manlio Fabio Beltrones en la presidencia del Revolucionario Institucional, cargo al que, por cierto, fue también muy cuestionado en su momento por su desconocida militancia partidista.

Sin embargo, no obstante que las palabras “Renuncia Ochoa” fue la tendencia nacional en la red social, ninguno de sus correligionarios más connotados que empujan la expulsión del mandatario veracruzano le ha exigido al dirigente del PRI rendición de cuentas.

Entrevistado al respecto, Ochoa Reza sólo dijo que la millonaria liquidación se dio conforme a derecho y a los cálculos actuariales que hizo la CFE. “Desconozco ese cálculo. Yo soy pasivo en el proceso. La normatividad que me aplica a mí lleva 15 años vigente. Yo no la establecí. Yo no hago los cálculos actuariales”, contestó al diario capitalino. Pero su respuesta casi equivaldría a que Duarte argumentara que él ha actuado también como lo ha hecho la mayoría de los mandatarios priistas que gobernaron Veracruz durante 81 años.

Y es que, en cuestión de honestidad y transparencia, no hay político ni servidor público cabalmente impoluto. Sólo hay unos más voraces que otros. Algunos más prudentes y cautelosos que los demás, que sólo “roban pero poquito”. Los que justifican, encubren o son beneficiarios del  desvío de recursos públicos para retener el poder y que lo mismo militan en el PRI que en el PAN, PRD, PVEM, PANAL, PT y, ahora, hasta en Morena, pues según acusó el senador y ex candidato priista a la gubernatura, Héctor Yunes Landa, “a las graves acusaciones que pesan sobre su persona, se suma el hecho que, durante la campaña electoral de este año, fue evidente su inclinación por impulsar la votación a favor de otro partido político y consecuentemente de otro candidato al Gobierno del Estado”, por lo que afirmó que “su expulsión significaría, simple y llanamente, regularizar su nueva afinidad política”. Yunes Landa no reveló nombres, pero durante su campaña acusó al gobernador de inflar la candidatura  de Cuitláhuac García Jiménez, de Morena.

Sin embargo, no es la primera vez que Duarte es señalado de apoyar o financiar a un partido o candidato de oposición. Precisamente en la pasada campaña electoral, el abanderado de Encuentro Social a la gubernatura y ex dirigente estatal del PAN, Alejandro Vázquez Cuevas, reveló que en 2012 el mandatario priista tuvo un acuerdo con Miguel Ángel Yunes para allanarle el camino al Senado de la República a su hijo menor Fernando Yunes Márquez, del PAN, quien amarró el escaño de primera minoría. El supuesto pacto fue asegurarle el triunfo electoral a Enrique Peña Nieto en Veracruz, lo que Yunes Linares habría incumplido ya que la triunfadora fue la panista Josefina Vázquez Mota.

Pero si por este motivo Yunes Landa está exigiendo la expulsión de Duarte, el ex candidato priista también debería pedir la misma sanción para otros miembros del gabinete presidencial. Y es que, por ejemplo, en su columna “Estrictamente Personal” que publica en el diario El Financiero, el periodista Raymundo Riva Palacio escribió el pasado viernes que “…en la operación política en Veracruz contra el senador (Héctor) Yunes participó la Secretaría de Gobernación, cuyo titular, Miguel Ángel Osorio Chong, presionó a Duarte para que no se enfrentara al panista Yunes, ni buscara descarrilar su candidatura. ¿Contra quién jugaba Osorio Chong? Contra Duarte, de acuerdo con sus cercanos, y a quien, pese a lo molesto con su gestión, respaldaba (Luis) Videgaray”, el ex secretario de Hacienda.

El jueves 23 de junio, recién conocida la dimisión de Beltrones, el ex dirigente nacional del PAN y actual titular de la Comisión Anticorrupción interna del partido blanquiazul, Luis Felipe Bravo Mena, escribió en el diario El Universal un interesante artículo en el que exponía que “los delfines del cártel mexiquense-hidalguense” (en alusión a Videgaray y Osorio Chong) trataron de impedir la entronización del sonorense al CEN del PRI pero que “al final aguantaron la decisión presidencial”, sabiendo “que se incorporaba al derby por Los Pinos un purasangre y había que trampearlo”. Y lo lograron en 7 de 12 estados, entre ellos Veracruz.

¿De veras creerán que expulsando sólo a Duarte el PRI se reposicionará electoralmente? ¿Quién le hará más daño al partido tricolor, el mandatario veracruzano o el presidente Peña Nieto, quien según las más recientes encuestas sólo tiene 26 por ciento de aprobación nacional?

Es cierto, el gobierno de Duarte ha sido un desastre, porque más que hacer obra pública se dedicó a ganar elecciones. El diputado federal y vocero Alberto Silva Ramos acaba de recordar que su jefe ha sido el gobernador más votado en la historia de Veracruz, con más de un millón 400 mil de votos; que en 2012 recuperó las dos senadurías –la de Pepe Yunes y Héctor Yunes– que se habían perdido en 2006; que logró mantener la mayoría calificada en dos legislaturas locales, así como el 85 por ciento de las alcaldías, y que en la última elección federal, el PRI y sus aliados obtuvieron triunfos en 16 de los 21 distritos, por lo que hoy la veracruzana “es la segunda bancada más importante del Congreso federal”.

¿Todos esos candidatos priistas ganaron porque son muy populares, guapos, honestos y transparentes? No, su triunfo fue por la operación política y financiera de Duarte. ¿O de dónde salieron los recursos para sus campañas?

Por cierto, Riva Palacio, en su columna titulada “Duarte, tiempo de partir”, consignó que el gobernador distribuyó 2 mil 500 millones de pesos en la campaña presidencial de 2012, “por lo cual consideraba que estaba blindado con Peña Nieto”, y que ahora, en la sucesión estatal de 2016, “el candidato del PRI (Héctor Yunes) siempre se quejó en las reuniones de campaña que no había cumplido con los acuerdos con el partido, mientras que la queja de Duarte era que los cerca de mil millones de pesos que recibió en apoyos –no está claro de dónde salían los recursos–, los malgastó o no llegaron a las estructuras.”

¿‘Destapan’ a Aceves?

Este viernes, por el rumbo del fraccionamiento residencial de Coapexpan, aquí en Xalapa, hubo un cónclave priista. A la comida asistieron operadores del ex candidato Héctor Yunes Landa; estuvo el senador Pepe Yunes Zorrilla acompañado de sus seguidores más cercanos, así como algunos líderes de organizaciones del partido tricolor y hasta funcionarios del gobierno del estado, entre ellos un secretario de despacho.

Según trascendió, aparte de las quejas que algunos de los presentes externaron por las supuestas presiones que estaba ejerciendo el secretario de Gobierno, Flavino Ríos Alvarado, para que firmaran los desplegados de apoyo al gobernador Javier Duarte, se habría dado el consenso en torno al director del sistema de Colegios de Bachilleres del Estado de Veracruz (COBAEV), Carlos Aceves Amezcua, para que presida próximamente el Comité Directivo Estatal del PRI en sustitución de Felipe Amadeo Flores Espinosa.

De concretarse esta designación partidista, el sobrino de Carlos Aceves del Olmo, dirigente nacional de la CTM, quedaría automáticamente fuera de la contienda interna por la candidatura a la presidencia municipal de Xalapa, cargo de elección popular al que aspira desde 2010, cuando fue desplazado primero por Elizabeth Morales y luego, en 2013, por Américo Zúñiga.

Y es que políticamente se vería muy mal que Carlitos Aceves fuese juez y parte en el proceso interno y que luego dejara tirada la dirigencia estatal del PRI en pleno proceso electoral municipal. Ahora sí que por estar adentro, bien podría quedarse afuera.

Por lo mientras, al que seguramente va a inquietar esta versión es al diputado federal por Los Tuxtlas, Jorge Carvallo Delfín, de quien sus voceros aseguraban que ya tenía “amarrada” la dirigencia estatal con el visto bueno del CEN del PRI, de los senadores Héctor Yunes Landa y Pepe Yunes Zorrilla, y ¡hasta del Grupo Atlacomulco!