Ante la debacle electoral del PRI el pasado 5 de junio y la irrefrenable caída de la popularidad del presidente Enrique Peña Nieto, su principal “capital político” –según lo definió el dirigente nacional del tricolor, Enrique Ochoa Reza–, en el PAN comenzaron a frotarse las manos y a relamerse los bigotes frente a las amplias posibilidades de recuperar la Presidencia de la República en el 2018.

Y es que de acuerdo con las más recientes encuestas, de los aspirantes presidenciales mejor posicionados, Margarita Zavala, de Acción Nacional, y Andrés Manuel López Obrador, Morena, encabezan hoy en días las preferencias electorales, relegando en un lejano tercer lugar al secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, del PRI, por lo que en el partido blanquiazul las ambiciones y el optimismo se han desbordado a la par ya que presumen que de sostenerse esta contienda de dos, los grupos de poder que apoyan al Revolucionario Institucional finalmente se inclinarían a favor del PAN con el propósito de evitar que el líder de la izquierda radicalista asuma la titularidad del Poder Ejecutivo federal y derogue las reformas estructurales que el gobierno de Peña impulsó con el total respaldo de los panistas y de un sector del PRD a través del Pacto por México.

Sin embargo, bien dicen que en política no hay nada escrito, por lo que de aquí a un año todavía estarían por pasar muchas cosas que podrían cambiar el escenario actual.

En el PAN, por ejemplo, si hoy hubiera que elegir a su candidato, la ventaja sería para la esposa del ex presidente Felipe Calderón, quien supera holgadamente en las preferencias al dirigente nacional Ricardo Anaya y al gobernador saliente de Puebla, Rafael Moreno Valle.

Pero Anaya está maniobrando desde la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional para favorecer su proyecto personal. En 2015 ya le impidió a la señora Zavala obtener una diputación plurinominal, y ahora acaba de cerrarle el paso al ex dirigente Gustavo Madero para presidir la mesa directiva de la Cámara de Diputados, luego de que el año pasado le negó la coordinación del grupo legislativo del blanquiazul.

Por eso ahora Madero le ha pedido a Anaya que si aspira a la candidatura presidencial de 2018 que renuncie de una vez a la dirigencia del PAN, lo que el queretano evidentemente no va a hacer porque los estatutos del partido los acomodó a su conveniencia, pues actualmente lo facultan para separarse del cargo directivo hasta el día previo del registro de su precandidatura a cualquier cargo de elección popular, cuando anteriormente se le obligaba a dimitir desde el inicio legal del proceso electoral, un año antes de los comicios.

En las elecciones de junio pasado, Anaya se atribuyó los triunfos en 7 de los 12 estados donde hubo cambio de gobernador; entre ellos los de Veracruz, Tamaulipas y Quintana Roo, donde en alianza con el PRD logró la alternancia en el poder que acabó con 87 años de hegemonía priista. Pero el año próximo, desde la presidencia del CEN del PAN, también operará en los comicios locales de otras entidades, como el Estado de México, en la que también se elegirá al jefe del Ejecutivo estatal. Y en la sucesión municipal veracruzana, ya con su aliado Miguel Ángel Yunes Linares instalado en la gubernatura, buscará ganar la mayoría de los 212 ayuntamientos, sobre todo los 30 principales que gobernarán las ciudades en las que se concentra más del 50 por ciento del padrón electoral del estado.

Habrá que ver si de aquí a finales de 2017, en el PAN logran controlar sus ambiciones y ponerse de acuerdo para construir la unidad necesaria que les asegure su triunfo en la sucesión presidencial del año siguiente.

Y es que este sábado, por ejemplo, ni Anaya ni sus gobernadores electos afines fueron invitados a la fiesta del cumpleaños número 54 del ex presidente Felipe Calderón, a la que acudieron alrededor de 300 personajes, entre ex secretarios de Estado, diputados, senadores, ex gobernadores y militantes distinguidos como Diego Fernández de Cevallos.

De los gobernadores recién electos, las crónicas periodísticas sólo registraron la presencia de José Rosas Aispuro, de Durango. No fue mencionado Yunes Linares, de Veracruz, a quien Calderón Hinojosa no sólo designó como director general del ISSSTE en diciembre de 2006 sino que en febrero de 2010 lo impuso por primera vez como candidato a la gubernatura, provocando una gran fractura en el panismo veracruzano que terminó favoreciendo al candidato priista Javier Duarte de Ochoa, quien le sacó una ventaja de aproximadamente 80 mil votos.

¿De veras no estuvo Yunes en el festejo de los Calderón-Zavala en su residencia del fraccionamiento Las Águilas, al sur de la Ciudad de México? ¿No fue invitado o no quiso ir? La respuesta a cualquiera de estas interrogantes resultará extraña, pues en su corta campaña electoral el candidato del PAN  a la gubernatura de Veracruz fue acompañado por el ex Presidente y su esposa en más de dos ocasiones, a los cuales agradeció su apoyo y elogió frente a la concurrencia.

¿Yunes va entonces con Anaya para el 2018? Pero si Margarita, como ha amagado, decide irse como candidata “independiente”, ¿ganaría el “Chico Maravilla” del PAN? ¿Qué tendrían que ofrecerle a la esposa de Calderón? ¿Acaso una senaduría la disciplinará?

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