La neblina, el cuerpo humano, las artes escénicas y la naturaleza veracruzana son los temas de los que habla Estela Jara en esta segunda parte de la larga y grata conversación que sostuvimos en una terraza que no se cansa de mirar al Pico de Orizaba.

El bosque de niebla

Te comentaba de las estrellas de la habitación de mi abuelita Leonor porque siempre que llega a mi vida algo nuevo, inevitablemente me remite a eso. Me vine a Xalapa acompañada por mi mamá, el ADO estaba en Ávila Camacho. Cuando llegamos era de noche y había neblina, nunca había estado en Xalapa entonces todo era como mágico. La neblina siempre me da una sensación de misterio pero a la vez es muy teatral, la neblina siempre ha sido otro de los elementos que son muy importantes para mí.

Parque Los Berros (Foto, Mapio.net)
Parque Los Berros (Foto, Mapio.net)

Ir descubriendo los espacios de la ciudad en ese momento, la verdad me cautivó, me encantó, yo no sabía que el calor no me gustaba pero en cuanto llegué a Xalapa, haz de cuenta que mi cuerpo respiró.
Me inscribí en la Facultad de Artes Plásticas, los primeros seis meses estaba como oyente porque estaba desfasado el horario de las carreras normales, la escuela apenas empezaba a ser Facultad, creo que tenía como un año, no estoy muy segura pero yo llegué un septiembre y las clases empezaban hasta enero. El maestro Carlos Jurado, que en aquella época era el director, habló con mis padres y les dijo que se quede y sirve que ve si en realidad le interesa y si no, está a tiempo de cambiar de carrera.
El maestro Carlos Jurado y yo nos identificamos desde que nos conocimos, él tiene una hija que se llama Estela y fue muy paternalista, algo que le agradezco porque conmigo se portó como una extraordinaria persona, me explicó muchas cosas relacionadas con las artes que yo desconocía por completo, disfruté muchísimo esos seis meses porque él me sugirió que paseara mucho por la ciudad cargando mi cámara y que tomara lo que viera tal como apareciera. Un objeto de mi observación primaria fueron Los Berros, me tenía verdaderamente fascinada ver tantísimos árboles juntos porque en Coatzacoalcos eso no existe, puedes ver un mar enorme que no te acabas con la vista pero una cantidad tan grande de árboles así, nunca la había visto.
Disfruté mucho aprender a observar, esa es una de las cosas que parece que no es importante pero es sumamente importante. Carlos me decía ve al parque de los Tecajetes y siéntate, si no quieres tomar fotos no las tomes pero observa, observa los rostros, observa las manos, los pies, observa cómo se conducen las personas, trata de adivinar qué están pensando y compagínalo con los movimientos de sus rostros, y además me dijo puedes observar sin recato, que no te importe pero yo era un poco tímida, acababa de salir de mi casa y mis padres me enseñaron que quedártele mirando a la gente es como ser mirona o metiche, entonces, al principio me costó trabajo.
Cuando entré a la Facultad de Artes Plásticas, al primero que conocí fue a Mario Vázquez (hasta el día de hoy somos grandes amigos, nos queremos mucho), él me empezó a enseñar cosas relacionadas con la fotografía y se volvió mi acompañante, me llevó a lugares como Los Berros, el Estadio, que me parecía increíble, y así comenzó mi vida y mi desarrollo en la ciudad de Xalapa. Me encanta Xalapa y estoy sumamente agradecida por todo lo que el destino o la vida me dio aquí, la verdad siento que se me abrieron las puertas de una manera mágica porque, si cuando recién sales de tu casa y eres muy pegada a tu familia, la ciudad a la que vas no te trata con ese cobijo, es como un caos, o por lo menos creo que eso me hubiera pasado pero, bueno, finalmente no pasó así y disfruté mucho durante los cuatro años que estudié la carrera.

Los paisajes de la piel

Mis clases de desnudo eran maravillosas, descubrí muchas cosas del cuerpo humano y toda la magia que está ahí. Me encantaba la manera en la que los profesores nos hacían ver ver que una espalda puede compararse con unas dunas, y la suavidad de la arena se puede comparar con la suavidad de la piel, toda esa metáfora y toda esa combinación, tanto de sentimientos como de emociones. Es como sentir el tacto mismo, como descubrir una vida en el agitar un dedo con otro, descubrir las huellas dactilares. Es todo un mundo el de la artes.
Me enganché mucho con el tema del desnudo, lo hice por muchos años, de hecho, mi primera exposición fue relacionada con el desnudo y con la magia que encierra porque, la verdad, aun cuando por años estés haciendo fotografía de desnudo nunca terminas y no solo no terminas, nunca termina de maravillarte.
Cuando ves la obra de otras personas dices guau, qué maravilloso. Por ejemplo, al ver la obra de Edward Weston siempre me fascinó cómo él comparaba el cuerpo con las frutas o con las verduras, o ver la obra de Ansel Adams relacionada con los paisajes, que son tan maravillosos y tan especiales. Cuando te adentras a la obra de estos personajes y después tú tienes la experiencia no puedes desengancharte de ellos porque descubres que la puedes disfrutar de otra manera y que, sin moverte de tu lugar, puedes navegar por muchos espacios. Eso ha influido mucho en mi vida, me ha cautivado, puedo estar en un lugar sentada y estar en muchos lados con la mente, pero no solo la mente, sino con imágenes, eso es muy padre.

Una piedra en el camino

Terminé la carrera y tuve muchos problemas para titularme porque aun cuando la Universidad había ofrecido la carrera, no la tenía dada de alta en la Secretaría de Educación entonces fue una cosa muy extraña. Sin vanagloriarme, fui la primera de la generación que quiso titularse, quizás por el régimen de responsabilidad que traía de la casa de mis padres. Mi meta era terminar la carrera y titularme, de hecho empecé a hacer la tesis antes de terminar la carrera pensando que me iba a titular fast track pero hubo un un retraso casi de nueve años porque la Universidad tenía que hacer toda una serie de trámites y dentro de la burocracia no siempre se hacen los trámites inmediatamente, influían las personas que estaban a la cabeza, en fin, fueron muchas cosas.

Tata Nacho

Nacho López (Foto, Expresión Fovissste)
Nacho López (Foto, Expresión Fovissste)

Cuando estaba en segundo semestre de la carrera, entré a trabajar como becaria en un lugar que se llamaba UIECA [Unidad Interdisciplinaria de Investigaciones Estéticas y Creación Artística de la Universidad Veracruzana], en esa época vino Nacho López a hacer un estudio fotográfico de todos los grupos artísticos de la Universidad y paralelamente iba a dar clases en la Facultad pero yo lo conocí unos días antes en la UIECA y me tocó acompañarlo a tomar las fotografías de los grupos. Obtuve todo un aprendizaje llevada de su mano porque era todo el trabajo de captar los rostros, resaltar la belleza de los trajes, hacer posible que en la fotografía pueda verse la fuerza del cantante de ópera, la actitud, todo lo del teatro, en fin, me involucré en una etapa de mi vida sumamente interesante y sumamente de disfrutable. Me tocó estar con algunos directores que estaban dirigiendo obras en ese momento, en las que Nacho López estaba haciendo la fotografía. Ver obras que no había leído nunca y ver toda la magia del teatro se volvió muy interesante.
Aunque todavía estaba estudiando empecé a escribir textos relacionados con las obras de teatro y con lo que pasa atrás de las cortinas negras. Además de escribir empecé a tomar fotos de teatro, danza, música, etc. con la intención de tener toda esa información para titularme con ese tema porque estaba interesadísima en toda la magia del teatro, titulé mi tesis Tras bambalinas.

La caja de Pandora

Puede parecer que repito mucho el término «mágico» pero no se me viene a la mente otra palabra en este instante porque, en realidad, todo lo que ocurre dentro del teatro es mágico, es una caja llena de sorpresas, es la caja de Pandora donde te encuentras lo inimaginable entonces se vuelve muy interesante todo el recorrido que te puede generar, por ejemplo, Los bajos fondos, una obra que ya se había montado pero me tocó ir a tomar fotografías con todos estos actores de la Compañía Titular arriba del tren.
Las clases del maestro Carlos Jurado me permitieron no solo ser observadora sino trabajar mucho con mi memoria y ver cómo las situaciones que llegan a tu vida se pueden repetir muchas veces y ahí, en Los bajos fondos, un vagón de tren volvió a aparecer en mi vida.
Después también tomé las fotos de El cisne, es un monólogo con Manuel Fierro que me gustó mucho. Esa mesa, esa luz en el cenit y ese personaje con su vela haciendo todos los relatos se vuelve tan apasionante que no puedo más que decir que era mágico estar tomando fotografías, viendo cómo el hombre entregaba su fuerza en su actuación y transmitía un cúmulo de emociones a todas las personas que estábamos del otro lado. Luego vino Cúcara y Mácara y también me tocó fotografiarla.

Mi General Bravo

Fue mágico estar tratando de capturar todas esas emociones de esos actores maravillosos que en su momento pasaron por mi vida, intercambiamos amistad, intercambiamos ideas, intercambiamos magia, intercambiamos ilusiones, intercambiamos unos tragos, intercambiamos muchas cosas, en fin, todo esto.

Manuel Montoro, Manuel Fierro, Lupita Balderas y Roberto Bravo Garzón
Manuel Montoro, Manuel Fierro, Lupita Balderas y Roberto Bravo Garzón

Ahora, en este instante mismo en que lo reflexiono pienso ¿qué pasó con todo ese movimiento artístico que existía?, estoy hablando de los 80, los 90 cuando seguía todo ese movimiento que generó, antes de que yo entrara a trabajar, Roberto Bravo Garzón que tiene fama de haber sido extraordinario rector y de haber sido un hombre con visión que le dio un gran empuje a la Universidad Veracruzana en las artes, seguramente en las demás áreas también, no quiero pensar que solamente fue en las artes pero segura estoy de que en las artes jugó un papel muy importante y dejó un legado maravilloso para Veracruz y, sobre todo, para Xalapa.
Todos los habitantes de Xalapa siempre hemos sido privilegiados, hemos tenido una Orquesta Sinfónica maravillosa, hemos tenido teatro, hemos tenido tantas cosas y me da mucha tristeza ver todo lo que ocurre ahora en Veracruz, sales con miedo y puedes vomitar negro ante lo que pasa.
Fue muy padre toda la época de carrera, estoy muy, muy, sumamente agradecida con la Universidad, creo que es un alma mater que le ha dado mucho a mucha gente. Trabajé muchos años allí.

Fotografía en la rectoría

Cuando entró como rector [Salvador] Valencia Carmona llegó sin fotógrafo, yo trabajaba con [Julio César] Eloss Moctezuma, que era director de Difusión Cultural. Yo había regresado estar de permiso por el embarazo de mi hijo y conocí al maestro Antonio, no recuerdo ahora su apellido, él se enteró de mi trayectoria, que era breve (porque yo era muy joven) pero con paso firme, y me sugirió que me fuera a trabajar como fotógrafa de Valencia Carmona para llevar todo el manejo de su imagen. Me presentó con él, me aceptó y me involucré en esa área de trabajo durante todo su rectorado, cubrí todos sus eventos
Hacer fotografía de prensa también es todo un reto y un compromiso, sobre todo cuando has estado vinculado con el ambiente de las artes donde todo es amabilidad y muy relajado, pero sí fue una experiencia sumamente enriquecedora para mí porque me abrió la puerta hacia otros caminos. Cuando estuve trabajando con él, tuve oportunidad de involucrarme en el área administrativa, de conocer a todos los funcionarios que en ese momento manejaban la Universidad.
Desde mi punto de vista fue una época interesante para la Universidad, me tocó ver cómo se firmaron los primeros convenios con España para hacer toda una serie de intercambios académicos, no solo de artes sino de todas las áreas. Vi cómo se desarrolló la historia de la Universidad en esta etapa.

Lo que el viento a los Campos Juárez

Después trabajé con [Rafael] Hernández Villalpando, una persona muy movida, con mucho empuje y muchos deseos de hacer una serie de cambios a la Universidad.
Una noche teníamos una reunión de trabajo, el rector y todo el equipo, para programar un gran festival en el que estuvieron todos los integrantes de danza, teatro y música. Estábamos en esa reunión cuando fue una persona y le avisó al rector que unos paracaidistas estaban invadiendo los Campos Juárez, en ese instante le habló a Dante Delgado [gobernador de Veracruz de 1988 a 1992], le comentó la situación y supongo que llegaron a algún acuerdo para determinar qué iba a pasar con eso y el resultado fue que el Gobierno del Estado cedió los Campos Juárez a la Universidad Veracruzana. Fue una época de muchos cambios para la Universidad Veracruzana.
En esa época empecé a dar clases en los Talleres Libres y, eventualmente, también en la Facultad de Artes Plásticas. Trabajé con él todo su rectorado, fue una época muy, muy interesante para mí, muy vívida.

La magia del paisaje

Después vino Emilio Gidi Villarreal y hasta entonces logré titularme porque durante todo este tiempo la Facultad de Artes estaba haciendo un trámite que yo desconozco porque no estaba metida en eso pero había estado insistiendo porque para mí era un pendiente. Finalmente, estando de Secretario Académico Jorge Ramírez Juárez, en coordinación con la Facultad de Artes Plásticas se le da salida a ese trámite y me titulo con una tesis que se llama El paisaje como entorno plástico.
En esa época pedí un permiso a la Universidad y estuve trabajando, por invitación, en el Gobierno del Estado de Veracruz, haciendo la fotografía para el informe de Patricio Chirinos [gobernador de Veracruz de 1992 a 1998].
Eso me permitió conocer toda la zona norte del Estado de Veracruz, tomé fotografías desde Huayacocotla, Pánuco, toda esa zona, hasta Veracruz y descubrí (vuelve la palabra) toda la magia del estado a nivel de paisajes. Yo estaba tomando fotografías de la obra pública: escuelas, carreteras, puentes, etc. pero como tenía conocimiento de que ya había posibilidades de que me titulara, me olvidé del tema de Tras bambalinas y me involucré en el tema del paisaje pero de una manera impresionante, estaba verdaderamente maravillada.
En esa época estuve viajando con un ingeniero que trabaja en Sefiplan, fuimos a Ciudad Madero, a Huayacocotla, que es un lugar bellísimo pero con un acceso verdaderamente para llorar, incluso, a algunas comunidades llegamos en burro.
Fui muy afortunada porque pude hacer ese recorrido con toda la calma que implica y además acompañada de alguien que me llevaba porque estaba interesado en sus carreteras, en sus puentes, en sus escuelas y en sus caminos y yo, además de eso, estaba interesada en los paisajes, en los amaneceres, en los atardeceres, en las nubes que parece que están suspendidas en el cielo, en todas esas cosas que tiene el Estado de Veracruz y que son de una riqueza impresionante. Fue una época muy valiosa para mí, de mucho crecimiento y, ya te puedes imaginar, tomé cientos de miles de fotografías, fue un trabajo que disfruté muchísimo.
Se terminó ese trabajo, se presentó una gran exposición y paralelamente presenté, al fin, mi tesis.

 

PRIMERA PARTE: Entre el cielo y el mar…

TERCERA PARTE: Stella by starlight

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