«Fíjate que ahorita que me dijiste tú relata libremente lo que quieras, vinieron a mi mente muchas imágenes. Es un planteamiento bonito iniciar una entrevista en la que alguien te diga tú dime lo que me quieras decir, empieza por contarme cómo ha sido tu vida. No sé si le sucede a todas las personas pero los que somos artistas visuales, como nos dedicamos al tema de la imagen, inmediatamente nuestro cerebro, por lo menos el mío, se llena de muchas imágenes entonces, bien, déjame decirte…».
Así comenzó una larga conversación Estela Jara, fotógrafa que ha logrado que su sensibilidad y capacidad de observación trastoquen la realidad para producir imágenes muy distintas de las que están en los fragmentos de mundo que toma por asalto.
Entonces, bien, déjame decirte –me dijo-, y la dejé:

Daguerrotipos

Nací en la ciudad de Coatzacoalcos, también conocida como Puerto México, provengo de una maravillosa familia, los Jara Dorantes. Nací en una calle que se llama Juárez, en la casa de mi abuelita Leonor. Somos siete hermanos, allí no nacimos los siete pero ahí crecimos todos. Yo soy justo la de en medio, mis hermanos mayores nacieron en la Ciudad de México porque mi madre nació allá. A mi papá, que es hijo de militar, lo mandaron a estudiar contaduría pública a la Ciudad de México, en esa escuela conoció a mi mamá y se casaron.
Mi mamá se llama Estela y es hija de Pedro y Ema, tuvieron 11 hijos. Mi abuelo Pedro era español, se dedicaba a la decoración de interiores español y, como buen español, mandó a todos sus hijos a que estudiaran o aprendieran un oficio determinado que beneficiara la empresa familiar. Él no tenía empleados, sus hijos eran los empleados, a mi mamá le tocaba hacer las cuentas.
Mi abuelito paterno se llamaba José María Atayde Jara, era primo de don Heriberto Jara, esa fue una historia que me platicó mi padre, yo no tuve la oportunidad de conocer ni a Heriberto ni a mi abuelito José María. Mi abuelito se casó con Leonor cuando ella tenía como 16 años y él como 50 o 60 años, de ese matrimonio tuvo dos hijos vivos (hubo otros que fallecieron): Ángel Jara, mi papá, y José María, mi tío.

Lluvia de estrellas

Mi vida se vio muy influenciada por mi abuelita Leonor que fue una mujer que no tuvo grandes estudios salvo la primaria y, creo, la secundaria. Pertenecía a una familia, no adinerada, pero sí con recursos. Ella falleció cuando yo tenía alrededor de seis años, lo recuerdo bien porque ella falleció cuando yo recién entré a la primaria pero te voy a platicar una anécdota que ha influido en mi vida hasta el día de hoy:
Como te dije, vivíamos en casa de mi abuelita, era muy grande y en la parte de atrás había un enorme patio donde tenía gallinas, puercos, todos esos animales que tenían normalmente las familias. Las paredes de la casa, del piso a cierta altura eran de concreto, de ahí para arriba eran de madera y el techo era de lámina.
En una ocasión mi mamá me dijo háblale a tu abuelita para que se venga a comer (supongo que ya estaba mal de salud porque al poco tiempo falleció). Eran como las 12:00 pero su habitación estaba oscura, entré y le dije:
-¿Por qué no estás levantada?
-Porque estoy viendo las estrellas
-¿Cómo?
-Ven, acuéstate aquí, a mi lado
Casi todas las casas tenían hoyitos en la lámina por el salitre, el exceso de sol, etc., pero no te voy a contar la lógica, te voy a contar la magia porque eso, para mí, determinó muchas cosas. Me acosté al lado de ella y, de veras, es una cosa que al día de hoy recuerdo y me puede conmover mucho: estar acostada viendo la luz que se traspasaba por los hoyitos:
-Oye, ¡qué padre, estás llena de estrellas!,
-Por eso a veces me quedo acostada hasta tan tarde. Cada vez que algo no funcione bien en tu vida, mira el cielo, siempre vas a encontrarte cosas que no puedes imaginarte porque no están al nivel de tu vista cuando estás de pie, pero si miras arriba siempre vas a encontrar cosas diferentes.
Obviamente se generó una conversación que no solo me conmovió sino que me hizo percatarme de otros mundos que, cuando tienes esa edad, los visualizas de una manera diferente a como lo haces a la edad que tenemos en la actualidad.
En la parte de afuera de ese terreno existía un árbol muy grande y al lado del árbol había un tanque de concreto grandísimo que se llenaba de agua. En la parte de atrás vivía mi tío José con sus hijos, era un terreno tan grande que podía entrarse por la calle de Juárez y salir por la calle de Hidalgo. Aquí hay un dato curioso que también influyó en mí: a un lado de la casa estaba el Hospital Civil, donde nacía la gente, y atrás estaba el panteón, como no estaban pavimentadas las calles nos atravesábamos e íbamos a jugar entre las tumbas a los espantados y los escondites y todo eso que a mí me parece una gran riqueza.

Si por mar, en un buque de estela…

En esa época se estaban construyendo las carreteras y mi papá trabajaba ahí como pagador.

Coatzacoalcos (Foto, Coatza Digital)
Coatzacoalcos (Foto, Coatza Digital)

Tenía un maravilloso Jeep de la Segunda Guerra Mundial que me fascinaba, para entonces ya estaba pavimentada la calle de Nicolás Bravo. Cuando mi papá llegaba de trabajar se paraba en la esquina del hospital, tocaba el claxon (la calle de la casa era de arena y estaba en subida) y bajábamos los siete hijos corriendo, y mi abuelita y mi madre a su paso. Era muy padre porque, como trabajaba fuera de Coatzacoalcos, llegaba con el Jeep lleno de rejas de plátanos, manzanas, mangos y cuanto te puedas imaginar entonces, entre todos mis hermanos subían las rejas, las dejaban en la cocina, nos subíamos al Jeep y nos íbamos a la playa. Le encantaba meterse al mar con el Jeep y salpicarnos con las olas entonces acabábamos bañados en agua de sal. La verdad es que fue una época muy bonita, muy emotiva.

…si por tierra, en un tren familiar

Íbamos con mucha frecuencia a visitar a mi familia materna a la Ciudad de México, viajábamos en tren. El tren también tiene una representación muy fuerte en mi vida, mi padre fue amante de la lectura entonces siempre nos contaba muchas historias en el trayecto del viaje del tren. Viajábamos en pulman, era muy divertido desde estar en los vagones que tienen habitaciones hasta irnos a donde suben con cubetas y te venden de todo, camarón, queso, pescado, y ver a las tecas, etc. Toda esa riqueza que me parece maravillosa.

Foto, La Prensa
Foto, La Prensa

Los trenes de esta época me encantaban, yo lamento mucho que en la actualidad la sociedad mexicana no pueda disfrutar de los trenes porque, además de ser mágico, relajado y de disfrutarlo, está todo lo que implica, incluso para la Revolución Mexicana y para toda la historia de México. Para mí, Salinas de Gortari se apuntó un cero bajo cero, se me hizo una agresión a los mexicanos el haber decidido quitar el servicio del tren para pasajeros.
De alguna manera me he visto influenciada por esos viajes, por ejemplo, hace como cinco años empecé a hacer una serie que se llama Rostros y Voces del Sur que tiene mucho que ver con la gente del Istmo [de Tehuantepec]. Es inevitable que influyan en ti los mercados, la comida, la actitud de esas mujeres grandes y llenas de calor y de fuerza, sus vestidos, los bordados de sus trajes. Es muy difícil expresarlo con palabras pero es una riqueza maravillosa.

¡Aiooo Silver!

Después de esta época nos cambiamos de casa, las cosas se trastocaron, se volvió una época difícil y complicada, financieramente hablando, para mis padres pero a pesar de lo difícil y lo complicado mi papá hizo algo que creo que también vale la pena comentar porque, en realidad, hasta el día de hoy se lo admiro.
Nos cambiamos a una casa muy pequeña entonces se deshicieron de todos los muebles porque eran muy grandes y no cabían. Fueron cambios muy bruscos, muy fuertes y, emocionalmente, creo que muy dolorosos, sobre todo para mi mamá, pero cuando eres niño no tienes mucha conciencia de muchas cosas y menos si te toca un padre como el que me tocó como a mí.
Mandó a hacer dos literas grandes, de tres pisos cada una y, tratando de hacerlo divertido, dijo que ahora íbamos a vivir como en el oeste. Se subió a las literas, les puso conchas a los lados y nos dijo súbanse, y nos enseñó a jugar a los vaqueros. Unos iban en una litera y otros en la otra y nos contaba historias sobre la gente del norte y nos decía que eran caravanas y una serie de anécdotas y situaciones que me hacen recordar que todo eso tenía que ver con la forma de ser de mi abuelita, su madre, que siempre tenía historias y anécdotas. Esas cosas hacen que lo que quizá está siendo un conflicto en ese momento de tu vida, se vuelva una etapa divertida.
Esta casa tenía cubierta de concreto, mi papá compró unas lonas y cuando hacía mucho calor, todos subíamos a dormir a la azotea y hablaba de los húngaros y verdaderamente podíamos dormirnos imaginando muchas historias, y dormir bajo ese enorme cielo oscuro pero lleno de estrellas era verdaderamente maravilloso.
De esa época, aun cuando haya sido difícil, rescato eso. Él siempre nos enseñó a rescatar lo mejor y a quedarnos con la experiencia para que no se repitieran situaciones incómodas.

Entre el cielo y el mar, vagabundear…

En esa época hice la primaria en una escuela que se llama Niños Héroes, luego la situación financiera de mis padres se recuperó, mi papá compró otra casa y nos mudamos nuevamente. Mi hermano mayor, José María, que lleva el nombre de mi abuelito, se fue a estudiar al Politécnico a la Ciudad de México y desapareció de mi escenario pero venía a Coatzacoalcos. Cuando nos cambiamos de casa yo ingresé a la secundaria, a una escuela que se llama Margarito Olivo Lara, ahí estudiamos casi todos los hermanos.
La adolescencia también fue una época muy padre. Mi padre fue un viajero incansable, cuando estábamos en la secundaria empezamos a viajar a toda la zona sur-sureste, por supuesto que en trenes, fue una época muy divertida y conocimos muchos lugares: Mérida, Cancún, Isla Mujeres, Chetumal, etc. Además, siempre eran viajes familiares.
Siempre fue muy buen padre, muy ocupado de los hijos, sobre todo en la secundaria y la prepa que fue cuando más se encargó de llevarnos a la escuela, de estar pendiente de las tareas, ir a las juntas, etc., También fue un hombre muy preocupado de que sus hijos y sus hijas leyeran, muy burlón ante las telenovelas, siempre decía estos hijoeputas ganan más que cualquiera de nosotros por esclavizar a la sociedad con telenovelas patéticas donde la jodida, que es la sirvienta, se enamora del patrón y siempre aspira a llegar a ser la señora de la casa, no que eso esté mal, está mal la manera en que lo plantean. Podemos ser una sociedad muy avanzada y desgraciadamente no lo somos porque no todas las personas tienen acceso a la educación, los estudios, y Televisa y las demás televisoras se aprovechan de esta situación.
Fue un tipo muy divertido, y digo fue porque murió en 2008.

Click

Pasó el tiempo, crecimos, entré a estudiar el propedéutico y ahí pasó una cosa curiosa: yo iba estudiar idiomas pero en una ocasión profesores de teatro, danza, música y artes plásticas fueron a Coatzacoalcos a dar información sobre las carreras de las artes y fue algo mágico, cuando oí toda la explicación de la carrera de fotografía me encantó y regresé a la casa de mis padres emocionada y le dije a mi papá:
-Ya decidí, voy a ser fotógrafa.
A mi papá le dio mucha risa al principio, me dijo:
-Estudia otra cosa, mira, si quieres ser fotógrafa, yo te puedo llevar a un foto estudio y ellos te pueden enseñar todo lo que necesites
-No, no me estás entendiendo, yo voy a ser artista de la cámara
Y dada la personalidad, siempre de empuje, que él tuvo dijo:
-Bueno, está bien pero investiga más sobre esta carrera porque no te vayas a ir en banda y resulte que no es lo que quieres, idiomas me parece una carrera bastante atractiva, te va a permitir viajar
-A lo mejor como fotógrafa también puedo viajar, voy a investigar más
Para ser honestos, en Coatzacoalcos no había mucha información sobre las artes, allí las punteras eran las carreras técnicas, sobre todo Ingeniería Civil, Ingeniería Mecánica, todo eso relacionado con la industria.
Hasta entonces me empecé a relacionar con la fotografía, no antes porque en mi familia no había artistas plásticos como tales aunque mi abuelito Pedro, el papá de mi mamá, tenía una cámara Kodak, de fuelle, muy bonita porque tomaba fotografías de todos los muebles y las casas que decoraba. Esa cámara se la regaló a mi mamá y ella, a su vez, me la regaló a mí cuando decidí estudiar fotografía. Cuando llegué a la Facultad de Artes Plásticas, el maestro Carlos Jurado me ayudó a rescatarla. Usaba carretes muy grandes y las fotografías eran como de placa, es una cámara muy bonita que conservo hasta el día de hoy, más que nada por lo que representa para mí.

 

SEGUNDA PARTE: Los paisajes de la piel

TERCERA PARTE: Stella by starlight

CONTACTO EN FACEBOOK        CONTACTO EN G+        CONTACTO EN TWITTER