No hay discurso más claro, más duro, más concreto y más convincente que el del bolsillo. Ante el anuncio del aumento a las gasolinas, el gobierno federal intenta convencernos de que la reforma energética aún respira, sin embargo, la percepción social es que hay que ir publicando la esquela.

Desde este lunes, por primera vez en el año, la gasolina Magna ($13.96), Premium ($14.81) y Diésel ($13.98) subirán de precio al mismo tiempo; esto representa el incremento más alto que se haya registrado desde enero.

En el caso de la gasolina Magna, es la que utiliza el 85 por ciento de los automóviles en el país; por ello, destaca el hecho de que la Premium llegó al tope máximo que se estableció en la banda de precios de gasolina, con 14.81 pesos el litro, que significó 44 centavos más de lo que costaba hasta este domingo; pero si se compara con lo que costaba en enero, el incremento es de 83 centavos más por cada litro. Además, ésta es la cuarta vez que sube el precio de este combustible en lo que va del año.

El aumento a los precios de gasolina es apenas la punta del iceberg de una reforma que fracasó. No logró capitalizar a la industria, la está endeudando cuatro veces más y Pemex se ve cada vez más asfixiado en sus finanzas.

Parte del problema es que a los políticos les cuesta mucho trabajo llamar a las cosas por su nombre. La reforma energética no fue tal, en el sentido de que las autoridades se empeñan solamente en impulsar la rama extractiva petrolera. Para ello, subastarán reservas que ni siquiera existen: aunque las reservas probadas no superan los 8 mil millones de barriles de aceite, se licitarán más de 100 mil millones de barriles. Ello explica porqué las licitaciones han estado desiertas.

Y lo mismo ha pasado con la luz. En abril se rompió la racha de caídas en las tarifas eléctricas, y subió de golpe el 3 por ciento el precio de la electricidad en las casas del país que no tienen subsidio y usan la tarifa Doméstica de Alto Consumo, conocida como DAC. El precio por energía consumida actualmente supera los 3.54 pesos por kilowatt hora (KWh), mientras que el año pasado en el mismo mes de abril fue de 3.44 pesos por KWh. Es concreto: la luz tampoco bajó de precio.

Y si a eso se le suma una agria disputa entre consumidores por la implementación de la tarjeta de pago o la instalación de nuevos medidores que lo único que han logrado es aumentar significativamente el consumo, los mexicanos que no entienden macro economía, tienen muy claro que  la reducción de precios fue un engaño o al menos, una promesas incumplida.

Si nos atenemos a que el gobierno no ha obtenido mayores recursos fiscales, que la industria energética no ha tenido el desarrollo necesario –y en consecuencia tampoco ha generado los empleos prometidos- y que los ciudadanos resienten el continuo aumento de la luz y la gasolina, eso se llama fracaso. Si camina como pato, grazna como pato… ¡entonces es un pato!

Tal vez, en efecto, el aumento a los precios de la luz y la gasolina pudieran suponerse inevitables ante las condiciones del mercado internacional y los apremios económicos que sufre el sector energético. Sin embargo, ante ello, no se debió comprometer la palabra del gobierno, y en este momento, debería presentarse una explicación clara y sencilla de las razones que han llevado a tomar tal decisión. La respuesta no sólo ha sido el silencio sino también un cuestionable optimismo de que la reforma energética vive.

La del estribo…

Según una nota del diario El Universal, tan enterado de los entuertos jarochos, el Gobernador Javier Duarte estará hoy en la Fiscalía General del Estado para insistir en la denuncia penal contra Miguel Ángel Yunes. ¿Quién lo aconseja que hoy lo van a rebajar a nivel de barandilla?

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