Por Fernando Anguiano

Cada año, el gobierno federal y la mayoría de los estados, destinan millones de dólares para la formación de jóvenes científicos mexicanos, sin embargo, ante la falta de condiciones para su desarrollo, más de 1.2 millones de estos “cerebros” han abandonado el país y hoy aplican su conocimientos en los principales centros de investigación de Europa y Estados Unidos.

Contrario a la percepción de que México sólo exporta mano de obra barata a Estados Unidos, los mexicanos con maestría o posgrado ya ocupan el tercer lugar en ese país por su número, sólo detrás de los científicos de India y China. Se calcula que unos 5 mil científicos emigran a otro país cada año.

México ocupa el sexto lugar mundial entre los países con más migrantes internacionales altamente calificados. Esta condición no es correspondiente con la migración de retorno, ya que en el periodo 2005-2010 regresaron a nuestro país, provenientes de Estados Unidos, alrededor de un millón de personas, de las cuales solo 61 mil (5.6 por ciento) poseen alta escolaridad, (40 mil profesionistas, 16 mil maestros y cerca de cinco mil doctores).

En marzo pasado, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) dio a conocer que más de 900 mil mexicanos con estudios de posgrado habrían emigrado a 67 países, al igual que 300 mil compatriotas que cursaron maestrías o doctorados.

De acuerdo con la investigación Cómo transformar a México con innovación, que realizó la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), la mayoría de estos connacionales radica en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Bélgica y Holanda, porque no encontraron posibilidades de desarrollo laboral, académico ni científico en México.

Algunos optan por quedarse en el país.
Algunos optan por quedarse en el país.

En complemento, una investigación del Instituto Tecnólogico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), México pierde 900 millones de pesos anuales por la fuga de cerebros. Se le llama así a la salida de investigadores y académicos calificados al extranjero.

Cada «cerebro fugado» le cuesta 45 mil pesos por año al país, más los gastos de su educación primaria, secundaria y preparatoria. En total se acumulan 100 mil millones de pesos. Así lo expuso Rodolfo Tuirán, quien fuera subsecretario de Educación Superior, en el Seminario Internacional Fuga de Cerebros, Movilidad Académica y Redes Científicas.

Por su parte, el Conacyt usa 40 por ciento de su presupuesto para becas en el extranjero. Cada doctor le cuesta 200 mil dólares. Sin embargo, sólo un poco más de 700 mexicanos han regresado después de concluir su doctorado o postdoctorado. Tan sólo en 2010, según informes del mismo Consejo, México perdió 130 mil científicos, algunos de ellos, del Instituto de Fisiología Celular de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Paradójicamente, frente a sus propias cifras, hoy el Conacyt asegura que no se trata de una fuga de cerebros sino más bien se trata de una “circulación del conocimiento”.

La contribución de México a la producción mundial de conocimiento no alcanza el 1 por ciento y según las estadísticas, el número de mexicanos que se gradúan como doctor (29.9 por ciento) por millón de habitantes, es insuficiente para lograr el capital humano que se requiere en el futuro próximo, además, el fenómeno de la fuga de cerebro es una situación que va en ascenso.

Un documento, elaborado por José de Jesús González Rodríguez investigador del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados, titulado “Fuga de cerebros”, da cuenta de la situación por la que atraviesa nuestro país en materia de migración de científicos especialistas y técnicos, lo cual afecta el desarrollo de la ciencia y crecimiento económico.

Entre los factores que inciden que los estudiantes decidan emigrar se encuentran la violencia, narcotráfico, secuestro, pobreza, sueldos bajos, endebles políticas fiscales, de apoyo a la investigación, desempleo, desigualdad, el sistema de seguridad social y la discriminación laboral por la edad, son razones que motivan la salida de mexicanos altamente capacitados.

Para funcionarios del IFAI, en México hace falta el desarrollo de una política efectiva y multifacética, que sobrepasen los programas gubernamentales y prevengan lo que calificaron el éxodo de personal especializado.

Hay en EU más de 20 mil mexicanos con doctorado

Según el informe, durante un año y medio se intentó contactar a 260 mil posgraduados mexicanos que habían tenido beca del Conacyt para conocer las razones por las que emigraron y qué les impide regresar al país. 39 mil posgraduados contestaron las solicitudes de entrevista.

A diferencia de lo que ocurre con los mexicanos de baja calificación, 98 por ciento de los cuales emigran a Estados Unidos para emplearse en el campo, la construcción, la industria restaurantera y los servicios, a ese país se va el 80 por ciento de los mexicanos altamente calificados, refirió Delgado Wise.

Las principales áreas de trabajo o estudio de estos posgraduados se encuentran en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas.

Sólo en Estados Unidos hay 20 mil mexicanos con doctorado. Esa es la misma cantidad de doctores con que cuenta el Sistema Nacional de Investigadores (SNI); el propio Conacyt estima que hay otros 10 mil mexicanos con doctorado en otros países.

Según la entrevista, Estados Unidos sigue siendo el polo neurálgico de migración científica debido a que ahí se produce, por mucho, el mayor número de patentes del orbe. Y, sorprendentemente, los posgraduados mexicanos ya ocupan el tercer lugar en Estados Unidos por su número, sólo detrás de los científicos de India y China.

Los mexicanos se van porque no les ofrecen oportunidades laborales.
Los mexicanos se van porque no les ofrecen oportunidades laborales.

Docente de estudios del desarrollo de la UAZ, el investigador detalló que al comparar a los mexicanos con posgrado que están en el extranjero con sus pares en México, lamentablemente el nivel de calificación de los que están afuera es más alto y su producción, mayor, sin embargo en México no encuentran condiciones para su desarrollo.

Es un problema estructural, explica Wise. México se convirtió en una gran maquiladora; entonces, fuera del ámbito universitario, estos posgraduados no tienen empleo ni de desarrollo profesional en otros ámbitos. De hecho, las universidades mexicanas se han convertido en fábricas de desempleados en muchos sentidos, más en el caso de los altamente calificados.

Sin embargo, esta crisis de fuga de conocimiento no es exclusiva de México. Muchos países en vías de desarrollo hacen grandes esfuerzos para preparar a sus científicos, sin embargo, caso siempre terminan emigrando a otros países más desarrollados. En países y regiones como la India, Asia Meridional, Turquía y el África subsahariana, la fuga de cerebros se ha convertido en un problema importante.

Por ejemplo, en Sri Lanka el número de científicos económicamente activos disminuyó de 13 mil 286 en 2006 a 7 mil 907 en 2012. Otro caso es el de la India, que registra altos porcentajes de expertos y técnicos que salen de sus fronteras, sin que a su vez ingrese a su territorio un flujo de especialistas para balancear el saldo del intercambio internacional del conocimiento.

Y aunque Estados Unidos sigue siendo un destino habitual para los científicos de casi todo el mundo, Suiza tiene el mayor porcentaje de científicos inmigrantes. Por el contrario, Japón es el país con menor intercambio de especialistas.

Conacyt, una historia de contradicciones

Responsable del desarrollo de la ciencia y la tecnología en México, el Conacyt ha sido el principal responsable de la fuga de cerebros. Carece de una política pública bien definida, lo que ha provocado que por un lado intente la repatriación de los jóvenes mexicanos altamente calificados, y más tarde, incentive su migración a otros países.

Con un presupuesto de 440 millones de pesos del 2007 al 2013, el Consejo logró repatriar a 539 investigadores y ha retenido a otros 703. Este programa de repatriación y retención busca contribuir a la incorporación de los investigadores con experiencia de investigación residentes en el extranjero y dentro del país, en las instituciones mexicanas de educación superior y centros de investigación.

“Es un programa general de consolidación institucional que incluye repatriaciones, retenciones, estancias posdoctorales al extranjero y estancias sabáticas al extranjero, sin duda uno de nuestros programas insignia, emblemático”, explicó Lorena Archundia Navarro, directora de Planeación de Ciencia, del Conacyt.

La funcionaria explicó que ese año, de acuerdo con los datos de los jóvenes realizando algún posgrado en el extranjero con apoyo del Conacyt, había por lo menos 120 candidatos a ser repatriados; sin embargo, no todos quieren regresar y no todos tienen la posibilidad.

El Conacyt se contradice.
El Conacyt se contradice.

Pero de repente, ante la incapacidad de detener la migración de científicos, el discurso cambió radicalmente: en México ya no hay fuga de cerebros.

De hecho, en la nueva economía del conocimiento, es un término que “entró en desuso”, consideró apenas la semana pasada Enrique Cabrero Mendoza, director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), quien informó que sólo 5% de los becarios de esa institución que estudian en el extranjero se queda en otros países.

El número “no sólo es bajo, sino que es sano, porque necesitamos que haya mexicanos diseminados en el mundo realizando investigación y muchos de ellos son líderes”, agregó el funcionario, quien mencionó como ejemplo a Raúl Rojas González, investigador mexicano que ha puesto a rodar en Berlín un vehículo autónomo.

Rojas González “tiene enorme interés de volver a trabajar en México”, además de que 15 estudiantes mexicanos de doctorado están haciendo posdoctorado con él en la Universidad Libre de Berlín, informó en entrevista en el marco de la Expo Hecho en Alemania. “Ése es el mundo global del conocimiento y lo tenemos que ver con enorme interés, porque eso es lo que le conviene a México”, agregó.

“No estamos preocupados, no es el momento donde haya una fuga de cerebros, yo diría que es un concepto que ya está en desuso. Más bien hay una circulación del conocimiento, así como hay futbolistas mexicanos que se van a jugar al extranjero y regresan, así los científicos mexicanos, y hay varios jóvenes extranjeros que tienen enorme interés por trabajar en nuestro país”, aseguró.

Fuga de cerebros: una realidad que no se oculta

Contrario a la percepción del Conacyt, el fenómeno de la fuga de cerebros continúa como reacción a circunstancias en el país, que incluso ha llevado a funcionarios federales, a exigir el diseño de políticas que mitiguen este fenómeno, pues a pesar de la actual operación de programas de gobierno, que han atendido el regreso de los mexicanos y eventualmente, buscan contener su salida del país.

La cifra más reciente que habla de la fuga de cerebros en México es de 600 doctores que han sido repatriados entre 2007 y el 30 de junio de 2015. A decir de Sofía Orozco Aguirre, subdirectora de Asuntos Económicos del Instituto de los Mexicanos en el Exterior, no existen cifras precisas sobre el fenómeno de fuga de intelectos mexicanos.

En una reseña sobre el libro Riesgo de la Fuga de Cerebros en México (Camelia Tigau), Orozco Aguirre explica que actualmente hay una población que puede ser llamada como migración calificada, pues en estimados de la funcionaria estos se cuentan en más de un millón, sin embargo, se desconocen cifras precisas para dimensionar su residencia en otros países y la importancia estratégica para México al contar con este capital humano altamente capacitado.

Actualmente existen diversas teorías que explican el fenómeno desde dos posturas: negativa y positiva. La negativa aquilata la salida de migrantes mexicanos capacitados como una pérdida para el país, son los propios funcionarios de dependencias como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), quienes califican el fenómeno como algo negativo.

Los científicos se financian ellos mismos.
Los científicos se financian ellos mismos.

Por el lado positivo, se trata de un fenómeno en el que se apuesta al desarrollo del capital humano mexicano, que no ve su residencia en el extranjero, por ejemplo, con metas de mejoras en su estilo de vida y si como una oportunidad de nuevas experiencias que va formando su trayectoria profesional.

Las cifras más recienten señalan que ante la política de repatriación de estudiantes altamente calificados que van al extranjero, 600 doctores han regresado al país entre 2007 y el 30 de junio de 2015, siendo 2007 el año con mayor número de regreso, al sumar 106.

Actualmente las políticas de repatriación y de retorno de estudiantes mexicanos que van al extranjero, según el Consejo, buscan incorporar a los investigadores con experiencia en Instituciones de Educación Superior y Centros de Investigación, con la finalidad, asegura el Consejo, de consolidar la formación de recursos humanos de alto nivel promoviendo además la creación y el fortalecimiento de grupos de investigación.

El Conacyt además señaló que dichas políticas buscan consolidar programas nacionales de posgrado y vincular la capacidad científica con los sectores público, privado y social.

Actualmente existe una Política de Retorno instrumentada por la Dirección Adjunta de Posgrado y Becas del Conacyt, que se complementa con la Política de Repatriación, reporta que mexicanos con grado de doctores han sido repatriados en los siguientes años, en la siguiente cantidad: 2007, 106; 2008, 88; 2009, 96; 2010, 99; 2011, 68; 2012, 26; 2013, 57; 2014, 48 y 2015, 12.

A través de información otorgada vía transparencia, se sabe que entre los programas que el Conacyt ha implementado para limitar la fuga de cerebros, el organismo cuenta con el Programa de Cátedras Conacyt para Jóvenes Investigadores, que comenzó a operar en 2014.

La fuga de cerebros es hoy día, explica la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de educación Superior (ANUIES), un problema político y económico en muchos países así como un tema de discusión para los especialistas internacionales. Tomadores de decisión y expertos abogan frecuentemente por impulsar acciones de retorno pero también por constituir bancos de cerebros y organizar diásporas científicas con el propósito de contrarrestar, en la medida de lo posible, los efectos negativos del éxodo de las competencias.