¿Se imaginan a Patitucci cantando:

Carmen, se me perdió la cadenita
con el Cristo del nazareno
que tú me regalaste, Carmen;
que tú me regalaste, Carmen;
que tú me regalaste…

Y, en el puente, gritando:
¡A ver, todos a mover la caderita?

Pues resulta que hace algún tiempo, en una entrevista telefónica, le comentó a Rocío Macías: «Parte de mi formación incluyó tocar cumbias con grupos mexicanos, de esos que actúan en las bodas. Es algo que siempre me gustó».

¿Se imaginan a Patitucci tocando un preludio de Bach, música propia escrita para orquesta de cuerdas, componiendo para cuarteto de cuerdas, para orquesta de cámara, o tocando su propia música acompañado de una orquesta sinfónica?, pues sí, ha hecho todo eso, ya en su disco de 1991, Heart of the Bass, ya en sus colaboraciones con la orquesta de cámara italiana Suono e Oltre, la New Japan Philharmonic Orchestra, el Turtle Island String Quartet y la Berklee College of Music Contemporary Symphony Orchestra.

Esos son los puntos cardinales de una obra que no ha renunciado a nutriente alguno; el rock, el jazz, el blues y la música clásica son ingredientes irrenunciables de un universo musical construido a partir de la inclusión. Entre los referentes de Patitucci está también la música que nos es más cercana, en la misma entrevista comentó: «Siempre he estado muy interesado en la música latina, por alguna razón u otra. Cuando era chico yo era muy aficionado a la música de Carlos Santana. Luego me empezó a gustar el jazz y el new age, pero siempre terminaba escuchando a músicos latinos, de Puerto Rico, de Cuba, de Brasil. Me gusta mucho el sentimiento. Tal vez influyen también mis raíces latinas, porque tengo ascendencia italiana, y crecí escuchando la música folclórica latina. Siempre encontré una conexión entre el jazz, su origen africano y América, el ritmo y la cadencia siempre me llamaron la atención y esa conexión me intrigaba».

Patitucci comenzó a tocar el bajo eléctrico a los 10 años, a componer y a presentarse en público a los 12, a internarse en el bajo acústico a los 15 y a los 16, a explorar el piano.

Estudió contrabajo clásico en las universidades estatales de San Francisco y de Long Beach. En 1980 empezó a trabajar como músico de estudio en Los Ángeles, eso le permitió foguearse al lado de muchos y muy importantes músicos de todos los estilos como B. B. King, Bonnie Raitt, Chick Corea, Wayne Shorter, Herbie Hancock, Michael Brecker, George Benson, Dizzy Gillespie, Dave Grusin, Natalie Cole, Bon Jovi, Sting, Queen Latifah y Carly Simon.

Su consolidación definitiva llegó en 1986, cuando Chick Corea lo eligió para formar parte de esas dos agrupaciones que habrían de convertirse en paradigma del jazz de la última parte del siglo XX: la Elektric Band y la Akoustic Band.

Después vino un alud de colaboraciones con grandes personalidades de esta música, y sus propias exploraciones. Muchos han sido los convocados a participar en su discografía que arrancó en 1988 con el álbum John Patitucci, una producción muy cercana estilísticamente al sonido coreano del que formaba parte en ese momento pero que ya dejaba ver el surgimiento de su propio discurso. Brooklyn, el álbum que grabó hace dos años con Brian Blade, Adam Rogers y Steve Cárdenas, es el regreso del hijo pródigo. Nació en ese barrio neoyorquino en 1959 y vuelve a él contaminado de mundo y de experiencia, con la frente marchita y alma repleta.

La docencia es la otra vocación de Patitucci, además de escribir libros y grabar videos educativos y de dar clases maestras por todo el mundo, ha sido profesor en el City College, de Nueva York, en el Berklee College of Music Global Jazz Institute, de Boston y director artístico de The Bass Collective, una escuela neoyorquina. Tiene, además, su propia escuela en línea.

Entre sus muchos cómplices están Chris Potter y Rudy Royston, y justo con ellos se presentará el jueves en el Xalapa Jazz Festival. En la columna del viernes pasado, Chris Potter, el sustento del aliento, están los datos del concierto y de la clase maestra que impartirán, visítenla y entérense.

Hace un par de años, Patitucci le dijo a Xavier Quirarte: «Necesitamos luz, necesitamos un espíritu de comunidad, necesitamos amor y compasión humana, que la gente trabaje de manera conjunta en lugar de pelear y matarse unos a otros. Cuando ves las noticias todo se vuelve muy triste, deprimente. Con la música podemos alentar a la gente a que trabaje hombro con hombro por algo importante, por metas altas, por ayudar a la gente». Si todo lo anterior no fuera suficiente, nada más por esto, no podemos faltar.

VER TAMBIÉN:
Xalapa Jazz Festival, una jornada monumental
Jonathan Hoard y el gospel
Chris Potter, el sustento del aliento



CONTACTO EN FACEBOOK        CONTACTO EN G+        CONTACTO EN TWITTER

 

 

Te puede interesar:
Rubalcaba, lava de volcán │ Recordar es volver a jazzear / VIII

Era domingo en el Parque Juárez, un domingo al que le tocó venir al mundo con un cielo tristón y Read more

McGuinness y la big band, el jazz y la sal │ Recordar es volver a jazzear / VII

Pete McGuinness hace del trombón una batuta y de la voz una suerte de aguja imantada tan atrayente como el Read more