Tiene 45 años, apenas hace 42 que, gracias a un piano y a una guitarra, descubrió que respiraba música, que transpiraba música, que la música era su sustento, que la música era su esencia por eso empezó a estudiar el sax alto a los 10 años y a los 13 tuvo su primera presentación. La fonoteca familiar era una pléyade de tesoros que empezó a explorar desde muy pequeño. Bach, Schönberg y los Beatles fueron algunos de sus primeros hallazgos, Miles Davis y Dave Brubeck, los primeros que atraparon su corazón.

Cuando tenía 15 años lo escuchó Marian McPartland y le propuso a su padre recomendarlo con Woody Herman para que participara en una gira pero la escuela era prioritaria y esperó hasta graduarse para, a los 18 años, trasladarse a Nueva York donde estudió, primero, en New School y después en Manhattan School of Music.

Desde entonces dedicó todos sus alientos a los alientos, se internó en los secretos de los saxofones alto, tenor y soprano, el clarinete bajo y la flauta alta. Kenny Werner fue su maestro y uno de sus grandes mentores. En 1996 grabaron a dúo el álbum Chris Potter-Kenny Werner en el que abordan temas de ambos y algunos standards como September Song, Epistrophy y Giant Steps. Otra etapa definitoria de su formación fueron los cuatro años que pasó al lado del histórico Red Rodney.

Cuando se graduó, en 1993, grabó con Marian McPartland para la disquera Concord con la que, merced a ese trabajo, firmó un contrato para registrar su propia carrera. Ese mismo año inició una serie de trascendentes colaboraciones, Mingus Big Band, Paul Motian, Ray Brown, Jim Hall, James Moody, Dave Douglas, Mike Mainieri son solo algunas de las grandes personalidades que acompañó.

Posteriormente ha formado varios proyectos personales con los que le ha dado la vuelta al mundo varias veces, ha sido reconocido por las revistas Jazziz Magazine y The New York Times Magazine, y ha sido nominado varias veces al Grammy, tanto por su participación en proyectos ajenos, como por los propios. Tiene 45 años y ya se ha consolidado como referente de su generación. Sobre una presentación que hizo en Madrid, con su cuarteto, a principios de este año, Juan Carlos Justiniano comenta en el portal Sineris:

«A esa querencia natural de la música del Chris Potter Quartet hacia el punto de equilibrio no pudo evadirse ni siquiera la continua exhibición de virtuosismo, administrado siempre en su justa medida: nada desbocado, depurado de todo lo superfluo y bien contenido; que tiene su origen en el oficio, la técnica y el estudio escolástico del instrumento pero que se pone al servicio de lo artístico. No extraña así que en ocasiones se intuyeran estructuras mozartianas maltratadas y deformadas por los sonidos en ocasiones acerbos del cuarteto pero que, en definitiva, no dejaban de viajar por escalas simétricas y arpegios envolventes dibujando líneas que hiladas obedecían a un planteamiento clasicista. Y en medio de todo, la calidez del instrumento (más bien de los instrumentos) de Potter, cuyo sonido ha sido continuamente comparado (y con razón) con el de Sonny Rollins pero cuyos horizontes son los propios de una generación posterior, de una promoción de músicos que ha coincido con expresiones abiertamente “panmusicales”, desprejuiciadas y heterodoxas como las de Pat Metheny, John Scofield o, sobre todo, Dave Holland. Precisamente con estos tres ha convivido Potter expuesto a tan dispares inquietudes estéticas, ideológicas y culturales. Y no en vano».

En 2007, cuando se encontraba acompañando, precisamente, a Dave Holland en una gira por España, Arturo Mora le preguntó:

«ARTURO MORA: ¿Qué buscas cuando empiezas un solo? ¿Piensas en su estructura, la armonía, las escalas, o sencillamente te dejas llevar?

«CHRIS POTTER: Siempre es difícil describirlo, en parte creo que porque cuando piensas en la música la puedes describir en palabras después, pero pasa tan rápido, es una cosa tan inmediata que piensas en términos musicales, no de lenguaje. Los mejores solos siempre tienen esa sensación de que la música se está tocando sola, y que yo solo estoy allí como el medio por donde fluye, muchos músicos describen este proceso, y es difícil saber cómo llegar siempre a ese punto. Tienes que estar muy, muy cómodo, y tienes que olvidarte de todo, y no tener un plan. Practicas todas estas cosas, piensas profundamente en estos conceptos, cómo tocar el instrumento, cómo desarrollar un motivo, cómo comprender la armonía, sabes todas estas cosas técnicas, tienes que dominarlas para poder tocar, pero entonces, cuando ya estás tocando, no puedes pensar en nada de ello, sino dejarte llevar y que pase lo que tenga que pasar».

Además de Holland, ha colaborado con otros bajistas notabilísimos como Steve Swallow y John Patitucci y es con este último con quien lo veremos el jueves 23, a las 8:00 de la noche, en la Sala Grande del Teatro de Estado. Recuerden que, aunque el concierto es gratuito, hay que ir por los boletos, tres días antes, al Centro Recreativo Xalapeño o el día del concierto a la taquilla del Teatro de Estado aunque quién sabe si para entonces haya cupo, mejor no se esperen hasta el final.

El mismo jueves, a las 10:00 de la mañana, Patitucci, Potter y Royston impartirán una clase maestra en el auditorio del ISMEV (Circuito Arco Sur # 1), la entrada también será libre. No es necesario ser músico para asistir y es muy recomendable estar presente porque en esas clases conocemos el lado humano de las estrellas.

«Quiero que la gente baile si puede, sienta la música y no piense en algo complicado o prohibido. Quiero comunicar algo. Puedes hacer eso y no sacrificar nada artísticamente», opina Chris Potter, vayamos, bailemos, sintamos, cobijémonos con la hoguera del jazz, para eso es la vida, ¿o para qué más?

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Patitucci de arriba a-bajo



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