Los callejones de Xalapa son puntos de encuentro que cautivan a ciudadanos y visitantes por igual y que han contribuido a construir el encanto y la belleza de la ciudad. Algunos de ellos, como el de Jesús te Ampare o el del Diamante, incluso están considerados entre los más bellos del país por publicaciones turísticas especializadas.

Las leyendas de los callejones, en su mayoría sangrientas, han llenado de misticismo a la capital veracruzana y entre ellas destaca especialmente la del Callejón del Diamante, que narra cómo un esposo en la época colonial le regaló un anillo a su pareja y le pidió que nunca se lo quitase.

Un día, el marido encuentra esa joya en casa de su socio y descubre que le es infiel, así que regresa a casa y le clava un puñal en el pecho a la joven y le arroja el anillo de diamante. La gente, en aquel entonces, exclamaba, “¡vamos a ver el cadáver del diamante!”, y con el tiempo pasaron a decir, “¡vamos al Callejón del Diamante!”, dando nombre a esta vialidad de la ciudad.

En pleno centro de Xalapa se puede encontrar el Callejón del Infiernillo, mismo que data de la época de la Colonia y comunica a las calles de José María Alfaro y Francisco I. Madero. Cuenta la leyenda que hace muchos años un joven que vivía por esta zona tuvo que salir y, al caminar por este callejón se encontró al mismísimo demonio.

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El joven, asustado, salió corriendo y Satanás se echó a reír ante su actitud, por lo que a partir de ese momento, cada vez que el cielo se oscurece, se escucha la risa del diablo.

Otro de los espacios emblemáticos de la ciudad es el Callejón de Jesús te Ampare, ubicado cerca del barrio de San José. Aquí vivía una joven cuyo novio, llamado Cosme, la visitaba diariamente. En una aciaga noche, un borracho lo apuñaló y la joven asustada sólo pudo gritar: “Cosme, que Jesús te ampare”.

Cerca del parque de Los Berros, hay un callejón empedrado que se denomina de La Calavera, donde vivía un matrimonio que se llevaba muy mal por el alcoholismo del marido. Una noche, la esposa, harta de las borracheras de su pareja le cortó la cabeza con un hacha, enterró el cuerpo y guardó la cabeza en un canasto con cal debajo de la cama, donde la policía la encontró tiempo después convertida en una calavera.

Pero estos no son los únicos callejones que encierran el encanto de Xalapa, también está el llamado Callejón de Rojas, al lado del Palacio Municipal, el Callejón del Obispo, en la calle Fausto Vega Santander; el Callejón de los Negritos, en Othoniel Rodríguez Bazarte; el Callejón Tumbaburros, en la primera cuadra de Clavijero, y el Callejón del Perro, localizado en la calle de Rojano, entre otros.