La Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana (UV) inauguró el V Coloquio Nacional de Metodología, Imágenes y Colores en los Sistemas de Registro de Tradición Mesoamericana, el pasado 18 de mayo en el Salón Azul de la Unidad de Humanidades.

En la ceremonia, María de Lourdes Bejarano Almada, investigadora del Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos (CIDHEM), destacó que se ha vuelto una tradición realizar dicho coloquio en la UV. “Creo que fue un acierto porque el número de estudiantes es mayor en la institución veracruzana”.

El propósito del coloquio, refirió, “es abrir nuestra mente hacia nuevos espacios, nuevos rumbos que podemos seguir y donde podemos investigar y realizarnos como personas”.

Bejarano Almada extendió un reconocimiento a las autoridades de la Facultad y en particular a Jesús Javier Bonilla Palmeros, investigador del Instituto de Antropología y coordinador del coloquio.

Por su parte, Sergio Vázquez Zárate, director de la Facultad de Antropología, dijo que ambas instituciones organizan el evento desde hace cinco años como resultado de un convenio específico de colaboración.

Para la presente edición –que se desarrolló hasta el viernes 20 de mayo– se programaron 24 ponencias, la mayoría son trabajos de estudiantes y egresados de la Facultad, dijo, generando además una veta más provechosa en el número de estudiantes titulados.

Vázquez Zárate añadió que se ha abierto la posibilidad de ampliar el convenio para que alumnos de Antropología colaboren en investigaciones internacionales con el CIDHEM.

En la inauguración estuvieron presentes la directora del Instituto de Antropología y el secretario Académico de la Facultad, Sofía Larios León y Edgar Sánchez Martínez, respectivamente.

Para iniciar las actividades, Gabriela Cruz Chagoyán, investigadora de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel Castillo Negrete” del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), impartió la conferencia magistral “Los códices del siglo XVI de papel de agaváceas”.

Señaló que los códices dibujados en papel proveniente del agave tienen particularidades que los hacen diferentes a otro tipo de soportes como el papel amate, y se hace necesario efectuar mayores investigaciones para que los especialistas puedan distinguir los materiales.

En ese sentido, explicó que solamente a través de un análisis microscópico es posible distinguir las diferencias entre las fibras como el lino, el cáñamo, el ramio, el algodón, el amate y el maguey.

A diferencia de los códices en papel amate, que se podían hacer de diferentes dimensiones, los códices en papel de agave sólo podían ser elaborados a partir del ancho y largo de las hojas desprendidas de las pencas.

Son pocos los códices que existen en este soporte, sólo hay ocho registrados, de los cuales dos están desaparecidos; todos provienen del siglo XVI, son pequeños en comparación con otros y fueron elaborados o registrados por primera vez en la región limítrofe entre Tlaxcala y Puebla.

La importancia de estudios multidisciplinares para comprender la técnica de realización del papel, así como de sus ilustraciones, es fundamental, por lo que se hace necesario recurrir a la biología y a estudios químicos para comprender las diferencias microscópicas entre las fibras.

En ese sentido, Cruz Chagoyán observó que quienes estudiaron el penacho de Moctezuma han establecido que en su elaboración se utilizó algodón, pero ella opina que, en realidad, y tomando en cuenta la procedencia y contexto de la pieza, es más posible que sea fibra de agave, sólo que por desconocimiento de los especialistas se afirma que se trata del otro elemento.

Los códices realizados en papel de agave, “por su rareza adquieren un valor excepcional”, afirmó la investigadora; “nuestra teoría es que una penca servía para hacer una hoja, posiblemente alisada con piedra de río”.