Después de una fructífera y eficiente gestión en la representación mexicana en Chile, el embajador Otto Granados Roldán entregó esa oficina el pasado 30 de septiembre en la capital de la República andina.

Pero Otto no se fue así nomás, porque fue condecorado por el gobierno chileno con la Orden Libertador Bernardo O’Higgins en el grado de Gran Cruz, que es una de las más importantes.

Querido y reconocido por la presidenta Michelle Bachelet y el canciller Heraldo Muñoz, a su despedida dijeron de él que cumplió «una misión importantísima» desde agosto de 2013, cuando llegó por segunda vez a encargarse de la embajada mexicana.

El subsecretario de Relaciones Exteriores chileno, Edgardo Riveros, dijo que «Chile y México son países amigos, y amigos de verdad, países que comparten lineamientos, objetivos importantes y comunes. Hoy estamos en un nivel de desarrollo de nuestras relaciones a la cual Otto Granados mucho ha aportado».

Y se dirigió a su amigo Otto personalmente: «Valoramos enormemente lo que ha sido tu presencia, tu trabajo, tu accionar. Eres una persona con una formación intelectual de una gran solidez que ha significado que cumplas grandes tareas.

Enorme el trabajo del embajador, ciertamente, porque en dos años utilizó su vasta experiencia en el servicio exterior y su conocimiento de la región sur del continente para apalancar la presencia de México en muchas reuniones y en asociaciones internacionales de todo tipo.

Él mismo lo confiesa: «He tenido el enorme privilegio de contribuir en estos años a que las relaciones de México y Chile hayan alcanzado un alto nivel de madurez y de calidad, y que pasen por el mejor de sus momentos».

Pues bien, el pasado domingo 4 de octubre, la Secretaría de Educación Pública hizo oficial que el embajador ahora se integra al dream team que está conformando el secretario Aurelio Nuño, como una de las estrellas que llevarán a muchas victorias educativas, para bien de la nación.

Me consta en lo personal, porque lo viví, que Otto Granados fue el Gobernador de la Educación durante el periodo que estuvo al frente de los destinos de su estado natal, Aguascalientes, en donde aportó el enorme bagaje educativo y las relaciones que adquirió cuando fue el secretario particular de don Jesús Reyes Heroles en la SEP, desde donde consolidó sus relaciones fraternales con Veracruz, estado al que considera su segunda patria chica (yo le llamo “el más veracruzano de los aguascalentenses”).

Con Otto como Gobernador, Aguascalientes accedió a los mejores niveles en los indicadores educativos de calidad, y gracias a él se aplicaron muchos programas que a la fecha siguen vigentes allá.

Se dice fácil, pero en su gubernatura de 1992 a 1998, el gobernador Granados introdujo la computación en la enseñanza secundaria, creó un programa editorial que tuvo reconocimiento internacional, universalizó la educación básica de diez años, creó el primer programa de becas de excelencia, y adoptó una larga serie de medidas que colocaron a su entidad en los primeros lugares nacionales.

Hoy, como Subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Públicas, en plena madurez y vigencia de todas sus capacidades, Otto Granados Roldán dará mucho bueno qué decir.

Ya lo iremos escuchando.

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