Aunque se habla mucho de la deuda pública de Veracruz y la posibilidad de contar con el apoyo del gobierno federal para lograr reestructurarla y, con ello, dar un respiro a un gobierno que no sabe de dónde sacar para meter en cuentas y lograr los pagos, para los veracruzanos de a pie no queda claro en qué consistirán las operaciones, si servirán para sacar al buey de la barranca o solo se usarán para seguir con el ritmo de gasto de una administración que no ha sabido apretarse el cinturón.

Hace unas semanas, a muchos había quedado claro que fueron los buenos oficios del senador José Francisco Yunes Zorrilla ante el titular de la SHCP, Luis Videgaray, los que habían abierto una puerta para que el sexenio duartista no dejara en quiebra la administración pública y lograra cumplir no solo los compromisos bancarios sino también con los pagos atrasados con contratistas, proveedores, burócratas, becarios, ayuntamientos, organismos desconcentrados, la UV e, incluso, los beneficiarios de los programas sociales y pensionados.

La polémica ha sido muy intensa. Las cifras han fluctuado entre los 44 mil 470 millones de pesos de deuda financiera reconocida por el gobernador Javier Duarte de Ochoa hasta más de 90 mil millones, según los cálculos de economistas de la Universidad Veracruzana y representantes de partidos como Acción Nacional, quienes han agregado a la deuda (real, por lo demás) aquellos compromisos vencidos con proveedores, para quienes tampoco hay dinero para saldar adeudos.

La situación de las finanzas veracruzanas ha llamado la atención incluso de periodistas nacionales como Denise Maerker, quien en su programa Punto de Partida, en Televisa, dedicó este martes un segmento de escándalo en que hace una revisión de los principales momentos amargos que ha pasado el gobierno estatal ante la falta de circulante, además de las maniobras realizadas que han puesto a Veracruz en observación crítica por parte de la Auditoria Superior de la Federación.

Tras la filtración de la reunión sostenida por el senador Yunes Zorrilla con el gobernador Duarte en Perote, donde habrían acordado los términos de la reestructuración, los desmentidos a medias han menudeado; el propio Javier Duarte señaló que esa medida sería responsabilidad de su gobierno y no del senador, y ya se han aplicado varias escaramuzas políticas para minusvalorar la iniciativa de quien encabeza las preferencias rumbo a la candidatura priista para 2016.

En primer lugar, salió el senador Héctor Yunes Landa para tratar de limar la cresta política favorable cosechada por su adversario. Las propuestas hechas por el senador originario de Soledad de Doblado apuntan a cuestionar una reestructuración que no tenga como base la contención de la corrupción, señalando que una anterior versión para mejorar plazos y condiciones de la deuda de poco sirvió para enmendar el camino, pues los recursos se perdieron en la vorágine de las fortunas mal habidas. Incluso pidió que se aplicara el famoso ‘vómito negro’, es decir, que quienes hayan sacado recursos públicos para fortunas personales sean obligados a regresarlos para resarcir el daño.

La jugada de Pepe Yunes no pareció agradarle a Héctor y por ello trató de subirse a ese punto álgido de la agenda política de Veracruz mediante un discurso rasposo, aunque sin ninguna base de gestión en las altas esferas del gobierno federal.

Lo que siguió esta semana ha sido la intentona del gobernador Javier Duarte de Ochoa por subir al carro de la negociación de la deuda a dos de los niños de la Fidelidad, los bisoños diputados federales Érick Lagos Hernández y Alberto Silva Ramos, con quienes se hizo acompañar a las oficinas de Hacienda, en que se entrevistó con el subsecretario de Egresos de la SHCP.

La maniobra también buscaría quitar merecimientos al senador José Francisco Yunes Zorrilla, haciendo aparecer a sus acompañantes como los orfebres de una negociación para mejorar los términos y condiciones de la deuda pública, con apoyo del gobierno federal, cuando los niños de la Fidelidad solo saben tomarse fotos para apantallar a la paisanada de que tienen relaciones de altos vuelos, incluso con el presidente Enrique Peña Nieto, como lo hizo Silva Ramos.

Duarte sale al mercado político

Liberado de la tensión que le generaba el caso Narvarte, tras la captura del segundo involucrado en el crimen que segó la vida del fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril junto con la activista Nadia Vera Pérez y tres mujeres más, el gobernador Javier Duarte de Ochoa no solo ha salido a la palestra aduciendo que fue víctima de linchamiento en un multihomicidio en el que nada tuvo que ver e, incluso, colectivizando el linchamiento a todos los veracruzanos (menos un servidor, debo decirlo), sino que se le ha visto más activo políticamente.

Por ello, muchos analistas y comentaristas veracruzanos han empezado a restituirle blasones para la candidatura de 2016 no solo a Erick Lagos Hernández y Alberto Silva Ramos, sino incluso al insulso Adolfo Mota Hernández.

Y es que el golpeado exgobernador Fidel Herrera Beltrán parece salir de su letargo para mover las piezas que le permitan mantenerse como el justo de la balanza para el próximo año, luego de haber sido balconeado por medios nacionales como parte de una red criminal que acosa, intimida y amenaza a los medios de comunicación y periodistas desde hace tiempo, hoy que no puede comprarlos con el dinero público.

La metralla contra Fidel no solo se ha visto por ese flanco. También, por el lado de la enorme deuda que le heredó a Javier Duarte y que mantiene postradas y a punto de la quiebra a las finanzas públicas estatales, junto con los negativos efectos en materia de desarrollo.

A la confesión del propio Duarte de que ha tenido que lidiar con ello, se sumó esta semana el secretario de Gobierno, Flavino Ríos Alvarado, quien en el programa Polaca a la Veracruzana, que transmiten los portales Versiones y Formato Siete, acusó sin miramientos a Fidel de haber hecho de su gobierno un desastre administrativo, de convertir la hacienda estatal en una extensión de su chequera, de gastar a discreción para domesticar a los medios de comunicación, de dar dinero a manos llenas durante sus giras de trabajo sin que estuviera normado por programas públicos, en fin, de dilapidar el presupuesto veracruzano de tan frenética manera que hundió la barca para que todos hoy estemos a punto de ahogarnos en la miseria y en el endeudamiento más ominoso de que tengamos memoria.

¿Será necesario decir que urge contener las ansias sucesorias de quien nos mantiene en la más vergonzosa postración? Ni duda cabe.

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