Mutatis mutandis

Por Rafael Arias Hernández.

Una y otra vez, la realidad se expresa, alerta y advierte, anuncia y señala.

Aquí, allá y acullá, los problemas crecen.

Demagogia y simulación, distracción y manipulación no pueden ocultar lo evidente. Palabras, declaraciones y discursos oficiales se estrellan en los hechos que, insistentes se repiten y presentan.

Así que, con o sin permiso. Estamos obligados a insistir y repetir lo que ya se sabe, pero no se toma en cuenta, ni se pone en práctica.

Revocación y control de daños

En una Democracia, quienes gobiernan, electos o designados, todos sin excepción, son y deben ser siempre considerados, servidores públicos, ni más ni menos. Ni designio divino, ni realeza aristócrata. Mucho menos impunidad delincuencial.

De ahí que extraña y ofende, que se niegue, conculque o escamotee el derecho de elección-revocación, que es uno sólo e inseparable. Ningún pueblo tiene la obligación de sostener y soportar a un mal o peor gobierno, hasta que concluya el periodo para el que fue electo. Simplemente no hay que olvidar. Es de humanos equivocarse; y, por tanto, se debe reconocer, que hay unos gobernantes más humanos que otros.

Adquirir representación pública y, concretamente, un encargo en el gobierno, implica a la vez adquirir compromisos y obligaciones, algunas de ellas ineludibles e irrenunciables.

Se consigue el cargo y el encargo, con su poder, pero la autoridad se gana. El nombramiento no es garantía de cumplimiento y decoro, de resultados positivos y comprobables.

Gobernar, ser funcionario o un modesto empleado no es, en principio, una graciosa concesión, préstamo o atributo, mucho menos cheque en blanco, para hacer lo que se dé la gana y cuando se quiera; mucho menos, tomarlo como la oportunidad de aprovechamiento y beneficio personal, familiar o de grupo. Prohibida ineficiencia, corrupción y delincuencia.

Los límites y deberes empiezan con los establecidos en las leyes que, por cierto, todo servidor público con el simple hecho de serlo adquiere compromiso y obligación ineludibles de cumplirla y hacerla cumplir, en tiempo y forma.

En letra muerta pretenden convertir principios básicos constitucionales.

Los recursos económicos de que dispongan la Federación, los estados, los municipios, el Distrito Federal y los órganos político-administrativos de sus demarcaciones territoriales, se administrarán con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que estén destinados…”

Por tanto, hay que insistir y repetirlo, todos y cada uno deben estar sujetos al imperio de la aplicación puntual y efectiva de la ley; y además, cuando menos, al cumplimiento verdadero y puntual de los principios básicos de todo buen gobierno: transparencia, eficiencia, previsión, rendición de cuentas, fiscalización y evaluación pública del desempeño. Evaluación, no complicidad y simulación.

Integrar gabinete o equipo, no cartel o banda

Últimamente, salvo excepciones, el nombramiento oficial de demasiados, privilegia incondicionalidad y no capacidad, complicidad más que efectividad en muchos niveles y ámbitos de gobierno, sean por elección o por designación. Abyección y corrupción son la mejor recomendación.

Esta creciente forma de integrar equipos de trabajo, que se espera, debería ser de profesionales, honestos y eficientes, no garantiza la atención puntual de necesidades y requerimientos sociales, ni el cumplimiento puntual de responsabilidades y de objetivos y prioridades institucionales.

En todo caso, tarde o temprano se le reconocerá, como el cartel político electoral que domina, o la banda que manda; misma que para lograr la continuidad de la impunidad hará hasta lo imposible, desde reciclarse hasta mantenerse en el poder a cualquier costo.

Lo cierto es que en la mala o peor integración de equipos, se hacen evidentes la falta de responsabilidad, efectividad y honestidad en el desempeño del cargo, así como los pocos o nulos resultados positivos y su desmedido costo en tiempo, recursos y oportunidades; de ahí que con frecuencia, sean simple consecuencia tanto ineficiencia y desaprovechamiento, como pérdidas y hasta el abuso en el uso del patrimonio y recursos públicos, así como en el ejercicio de las atribuciones institucionales.

Así no es raro, escuchar de todo, como justificación o pretexto. La realidad muestra el tamaño del daño de la improvisación, la ineptitud y la mediocridad; y también los alcances de la perversidad, complicidad y corrupción, de ineficientes y delincuentes gubernamentales, muchos de ellos conocidos porque “ no tienen llenadera”.

Y ni modo hay que repetir e insistir.

En todo caso, lo cierto es que, ante irresponsables y mediocres, ante ineptos y corruptos, no hay presupuesto ni recursos presentes o futuros que alcancen.

Así, el endeudamiento crece, a todos se debe y la mala administración se transforma en un sistema de paguitos, de lentos y penosos trámites en lo oscurito, en denigrante y convenenciera petición de favores, y en obligada entrega de propinas, mochadas que agilicen el ansiado pago.

Situación que tiene a agravarse en épocas de elecciones y sobre todo, según vox populli y tradición popular, se intensifica en los años de Hidalgo y de Carranza.   Es más, incluso notoriamente, no son ni serán suficientes, los esfuerzos y alcances de los buenos servidores públicos, muchos anónimos, pero que, aunque pocos y contados, sin duda los hay.

Imprescindible integrar gabinete y equipo bajo principios de honestidad, profesionalismo y efectividad, que promuevan y motiven la más amplia y verdadera participación ciudadana; y sobre todo, que cumplan con sus obligaciones y trabajo. Auténticos servidores públicos y no depredadores sociales.

Como siempre defender responsabilidad y buenos resultados, hay que identificar, consolidar y defender los pocos y contados logros y avances. Cuesta demasiado obtenerlos.

Mientras, se hace presente el viejo principio impuesto por la irresponsabilidad ciudadana y el desinterés social. “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen” dirían unos. Otros, simplemente afirman que se tiene lo que se soporta, apoya y sostiene. La banda que manda.

*Acadé[email protected] Facebook:VeracruzHoydeRafaelAriasHdez.