CIUDAD DE MÉXICO.- En uno de los papeles que sobresale de entre el cúmulo que se conserva en la estantería puede leerse: “El diálogo público sólo tendrá un resultado: ¡la verdad!”; otro convoca a reunirse en la Vocacional 7 a un “Gran mitin popular en contra de la represión”, ambos están firmados con las siglas CNH. Se trata de los carteles originales que se utilizaron durante el Movimiento estudiantil de 1968. De una caja de polipropileno surge un birrete blanco del siglo XVIII que era utilizado por los doctorados en teología; también existen el verde, que usaban los graduados en derecho canónico y el azul que correspondía a los de filosofía.

Una caja de madera conserva la pesada escultura de 47 centímetros diseñada por Joan Miró y que el rector José Narro Robles recibió en 2009, a nombre de la UNAM, como institución ganadora del Premio Príncipe de Asturias. Pero también se archivan banderas, como la usada en 1929 cuando se logró la autonomía universitaria, miles de fotografías, reconocimientos, documentos, objetos o mapas, como el diseñado en 1938 cuando se soñó con el primer Proyecto para colonia universitaria para trabajadores intelectuales.

Todo se encuentra resguardado en el Archivo Histórico de la UNAM (AHUNAM), que se ubica en el mismo edificio de la Biblioteca Nacional de México en Ciudad Universitaria y que este año está cumpliendo medio siglo de proteger el legado documental y fotográfico de la Máxima Casa de Estudios y de buena parte de la historia del país. “Si se pusieran una tras otra toda la documentación serían más de cuatro kilómetros de documentos”, dice Clara Ramírez, coordinadora del acervo.

El AHUNAM cuenta con 39 fondos y 17 colecciones dedicadas enteramente a la Universidad pero también almacena 37 fondos y 51 colecciones incorporadas, que incluyen evidencias documentales de la historia nacional y sus protagonistas como el archivo del movimiento cristero o del escritor Martín Luis Guzmán y fotógrafos como Manuel Gutiérrez Paredes Mariachito, quien se desempeñó como fotógrafo de la Secretaría de Gobernación en el periodo de Luis Echeverría Álvarez y quien captó algunas de las únicas imágenes que sobrevivieron de la matanza del 2 de octubre de 1968.

“La información de toda la UNAM es tan grande que sería muy difícil que nosotros la conserváramos, aun la parte histórica, lo que se ha planeado una red de archivos universitarios para que cada dependencia tenga su propio archivo”, cuenta Ramírez. Ante este reto, el acervo histórico debe elegir conscientemente lo que guarda. Sus orígenes se remontan a junio de 1962, cuando se inauguró la exposición Historia de la Universidad de México. En ese entonces la colección inició con apenas 83 piezas.

Tres años más tarde, en 1965, se publicó el catálogo de esa pequeña muestra bajo el cuidado de Guadalupe Pérez San Vicente, quien también recogió 23 retratos que formaban parte de la Galería de rectores de la Universidad Nacional. Ese sería el origen del acervo que hoy cuenta con una bóveda especial para piezas más delicadas y de gran valor, un laboratorio de restauración y conservación, así como una sección de reprografía que se encarga de digitalizar los acervos.

Pero además de los archivos antiguos como el del Fondo del Colegio de San Ildefonso o de algunos alumnos destacados que han pasado por la UNAM como José Vasconcelos, Ignacio Chávez, Javier Barros Sierra, Salvador Zubirán o de los expresidentes de México, el AHUNAM conserva colecciones incorporadas: “hay otro tipo de documentos que no son precisamente universitarios, como los de algunos colegios coloniales y se han ido adquiriendo fondos de diferente naturaleza de escritores, de generales revolucionarios y acepta donaciones de gente que considera que su archivo es valioso, a veces es por compra o por donación”, cuenta Armando Parán Romero, jefe de Proceso Archivísticos.

En el espacio trabajan 46 personas que diariamente entran en contacto con las entrañas de la vida universitaria. En los estantes donde se conservan los miles de documentos sobresalen los nombres de las diferentes entradas que pueden consultarse: ahí están desde los nombres de José Woldenberg o José Sarukhán, las cajas de polipropileno dedicadas al Paro estudiantil 1999-2000 o los carteles que cada dependencia de la UNAM envía parta su resguardo. También se conservan miles de fotografías que han ilustrado la Gaceta de la UNAM o la Hemerografia del Movimiento Estudiantil del 68 y colecciones completas de Armando Salas Portugal o Ricardo Salazar, quien se encargó de retratar a todos los intelectuales del siglo XX.

Este año como parte de los festejos, Clara Ramírez agrega que se llevarán a cabo diferentes seminarios en torno a la actividad archivística en México y el mundo, así como dos exposiciones que están por definir su sede. En septiembre se espera que el AHUNAM presente su portal en línea, que formará parte del proyecto Toda la UNAM en línea y que pondrá a disposición de todo el público los archivos de 29 de las 69 colecciones que ya han sido digitalizadas y que constituyen un total de 62 mil 793 imágenes. Mientras la vida del acervo avanza, también crece, pero por ahora tiene vida para cinco años.

Legado cinematográfico

El Archivo Histórico de la UNAM (AHUNAM) resguardará también parte de la historia cinematográfica de México. El mes pasado llegaron a sus instalaciones más de medio millar de carteles del cine mexicano, desde 1930 hasta la actualidad, que recibió en donación del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine).

“Fuimos por una colección de carteles de cine, el Imcine nos ofreció resguardarlos porque se mudaban de espacio, tenían una colección desde los años 30 hasta lo último que se ha producido en cine de carteles, nos ofreció hacer una donación, fuimos a sus instalaciones, hicimos una selección y los tenemos ya aquí, están en sala”, explica Leticia Medina Rodríguez, de la sección de Organización y Descripción del archivo.

El acervo que no ha sido cuantificado con exactitud incluye algunos de los primeros carteles diseñados para promocionar las películas mexicanas, así como las que formaron parte de la época de oro del cine mexicano y de todo su trayecto hasta la actualidad. “Los carteles más antiguos deben pasar por el proceso de conservación, de limpieza. Si hay que darles algún tratamiento de restauración se hará y necesitamos empezar a organizarlos. No tenemos el número exacto pero en los próximos días lo sabremos. Es parte de la historia del cine en México”, dijo.

Otras adquisiciones recientes que han llegado al AHUNAM son nuevas fotografías de Ricardo Salazar, una de ellas muestra por ejemplo a Carlos Fuentes y Octavio Paz caminando por la explanada de Rectoría y una parte de la serie fotográfica que Armando Salas Portugal realizó en el Palacio de Minería.

Luis Carlos Sánchez/ Excelsior