Digo, Pedro Noé Valdés y yo somos más que amigos y colegas de hace muchos años, hermanados por el afecto, por las coincidencias y por nuestros atisbos iniciales en el duro y apabullante oficio de reportear, que fueron la base desde la que él se convirtió en uno de los mejores fotógrafos que ha dado Veracruz y yo en el periodista que soy.

Hoy Noé está dando la más dura batalla de su vida, por su vida, y todos los que le queremos y le reconocemos su obra estamos orando por él -quienes tienen fe religiosa- o pidiendo que su organismo tenga la fortaleza para afrontar esta dura prueba.

Pero junto a la guerra clínica de su cuerpo, Noé y su familia (saludos Margarita, saludos muchachos, también estamos con ustedes) están teniendo que enfrentar la dura exigencia de los dineros, pues la aplicación de la ciencia médica, con tanto avance, resulta carísima y acaba con cualquier recurso.

A los numerosos amigos de Noé, les pedimos que colaboren en este momento crucial para que mejoren las posibilidades de salvar a un artista y a un buen hombre como lo es él.

Quienes así lo decidan y en la medida de sus posibilidades pueden hacer un depósito en la cuenta Banamex Perfiles, Clave interbancaria 002840010180675590, a nombre de Margarita Andrade Romero, o a la cuenta de BBVA Bancomer número 2783580342, a nombre de Noé Alán Valdés Andrade.

No tengo dudas de la fortaleza espiritual de Noé, pues muchas veces me tocó verlo actuar en lo profesional con aplomo y confianza en sus capacidades, talento aparte. Por eso sé también que pronto tendremos la oportunidad de volver a recordar los años de la gloria juvenil (finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado), con esos combativos reportajes en los que pudimos darle voz a muchos veracruzanos que nunca habían tenido tribuna.

Las fotos que lograba Noé para el reportaje eran verdaderas editoriales gráficas que decían más que mil palabras, de acuerdo con el proverbio chino. Eso me obligaba a mí, como reportero, a tratar de escribir textos que dijeran más que mil imágenes. Esa exigencia me orilló a la costumbre de tratar de ser siempre mejor, lo que nunca termino de agradecerle al amigo y al colega.

Formado al igual que yo en la dura escuela de Froylán Flores Cancela, para Noé Valdés como periodista, como investigador, no hay datos que no se puedan conseguir, ni cuestas que no se puedan trepar, ni reportajes que no se puedan publicar.

Recuerdo que su olfato y sus ocurrencias casi siempre nos llevaban al camino correcto, a enhebrar el hilo de la investigación, a lograr la nota. Nunca se daba por vencido, y así ha seguido toda su vida. Ese ejemplo que formó parte de mi escala de Jacob profesional quedó grabado para siempre en el recoveco del corazón en donde se guardan los agradecimientos genuinos y profundos.

Tengo fe en la fe inmensa que mueve la vida de Pedro Noé Valdés, y por eso sé que ya lo tendremos de nuevo haciendo sus viajes legendarios por el Viejo Continente y sacando sus inconmensurables fotos.

Acá te esperamos, amigo.

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