“El que pide perdón se declara culpable”

                                                                                                           Milan Kundera

                                                                                             (La fiesta de la insignificancia)

James “Jim” Gordon, detective personaje central de Ghotam (2014) y quien al cabo del tiempo llegará a ser el Comisionado de policía de la legendaria ciudad imaginada/creada por Bill Finger y Bob Keane en 1929 como la síntesis del contradictorio espacio urbano moderno ya enunciado por Fritz Lang en Metrópolis (1927), platica con un Bruce Wayne niño y le deja en claro que atrapará al asesino de sus padres, a pesar de la corrupción de las autoridades -alcalde, concejales, policía…- aliadas con los carteles del crimen organizado encabezados por Carmine Falcone y Don Maroni, con quienes cogobiernan Ghotam City. Y más de una década antes de que el dúo Keane/Finger creara la saga aún vigente del caballero de la noche, Dashiell Hammett, en la clásica Cosecha roja (1971), publicada de manera integral en 1929 bajo este título y dada a conocer a los lectores de la revista Black Mask mediante cuatro entregas entre noviembre de 1927 y febrero de 1928, cuyo teatro de los acontecimientos es Personville -ciudad llamada en el argot cotidiano <Poisonville>-, narra una historia donde parecería que los personajes fueron extraídos de nuestro presente nacional entre los siglos XX y XXI: un empresario que es dueño del banco, de la principal fuerza productiva de la ciudad y que controla a todas las demás, así como a un senador, a dos representantes en la Cámara, al alcalde, al gobernador, a la mayoría de la legislatura local, a la policía, a…y él es controlado por los criminales que tiempo ha contrató para reprimir una huelga de los trabajadores de sus empresas, motivada porque les habían reducido los salarios y… Personville termina siendo controlada por los hampones, que se han fraccionado y se disputan entre ellos la ciudad. ¿Le suenan conocidas las historias?

 En el estado mexicano de Guerrero los autollamados partidos de izquierda       -PRD, PT, Convergencia/MC, MORENA- liderados por expriistas y cuadros de Aguilar Talamantes, con el apoyo tácito por default del PAN -sólo un membrete en Guerrero-, impulsaron la candidatura al gobierno del estado de Ángel Aguirre, priista resentido quien al no obtener el favor de la cúpula central de su partido buscó la candidatura que el resumidero de lo que el PRI va dejando en la cuneta durante sus designaciones de candidatos casi siempre recibe sin chistar. Y con tal apoyo catapultaron a Lázaro Mazón, y a su protegido Abarca, al gabinete de Aguirre y a la alcaldía de Iguala, respectivamente. Por su parte, el ejecutivo federal encabezado por Enrique Peña y su aparato responsable de la política interna y la supuesta inteligencia, hicieron mutis respecto a lo que acontecía más allá de los cabildeos y amarres para sacar adelante las reformas -¿semejanza con Salinas en 1993, el EZLN y el TLC?- y, como los gatos -con el debido respeto que les tengo a éstos-, intentaron tapar las excrecencias de la violencia generada por todos ellos, que viene de mucho tiempo atrás y que fue prohijada por todo el aparato partidocrático nacional. Todos están adentro y solicitar hoy perdón, como algunos lo hacen, es una declaración de culpabilidad aunque los mismos y otros se digan sorprendidos y los más dejen caer la culpa en los demás para distraer la atención. El cinismo como némesis de la vergüenza los define. Nadie puede -por lo menos este perpetrador de apostillas a los hechos no es capaz de hacerlo- creerle a ninguno de los conspicuos integrantes de esa mal llamada clase política apoltronada en los partidos políticos todos.

 Ante los acontecimientos vale echar la vista atrás y reconocer que sí, a los estudiantes de Ayotzinapa se les concedió la impunidad, como responsables que son por la muerte de Gonzalo Rivas, porque el Estado continúa siendo omiso al respecto y frente a muchos hechos delictivos más; lo que no obsta para dejar de exigir la aparición, vivos o muertos, de los 43 estudiantes desaparecidos por la irresponsabilidad, y/o contubernio con el crimen organizado en diversos momentos de la historia, de todos las organizaciones políticas, del gobierno estatal y de las dependencias gubernamentales bajo línea directa del ejecutivo federal, a quien le vieron la cara o también hizo el correspondiente mutis personal -Gobernación, PGR, CISEN…-, cuya desvergüenza permite coligar que o son francamente idiotas -que no ingenuos- o son cómplices o son, como cree este perpetrador de descripciones ancladas en la experiencia, ambas cosas porque asientan su actuar en la consecución del poder por todos los medios. Quizás sea, acepta pero no concede este perpetrador de enunciados dubitativos que echa por delante lo condicional como norma de vida, que la política <a la mexicana> tenga como sustento todo aquello que la ética a secas considera execrable. Vamos, son de tal calaña que no confían en ninguno de su estirpe y una vez más, como aconteció en Michoacán, tienen que echar mano de quien aún, creen ellos, tiene alguna credibilidad ante la sociedad: un académico, metido a <la grilla> valga decirlo, pero académico de origen. Habrá que ir barajando nombres, vista la lógica, para cuando le toque en breve a Tamaulipas, al Estado de México, a Veracruz… y otro colega, gustosa o voluntariosamente decidido, acepte e intente limpiar la porquería que los políticos -¡con el voto ciudadano, por supuesto!- han hecho de esta suave patria amodorrada -con perdón y licencia del poeta jerezano-: un “mutilado territorio…/ [que vive] al día/ de milagros, como la lotería…/ y entre los tiros de la policía”. Igual que Gotham City y Personville, pues; tal es la ficción de la ficción vuelta repelente realidad.

NOTA: Respondo a quien preguntó: la frase <En el territorio libre del beisbol> es el renglón final del poema Baseball Canto, de Lawrence Ferlinghetti -miembro de la beat generation y fundador de la mítica City Lights Books en San Francisco, Cal.-, y está incluido en Lawrence Ferlinghetti Live at The Poetry Center (2004), edición de The Poetry Center of Chicago.

Tallulah Bankhead fue una reconocida actriz de teatro que hizo algunas películas entre los años veinte y treinta, quizás su máximo logro fue actuar en Lifeboat (1944) de Hitchcock, y escribió una descarada e interesante autobiografía titulada Tallulah: My Autobiography, editada en 1952 y reeditada en 2004 por la Universidad de Mississippi; hay una biografía escrita por David Bret y publicada a fines de los noventa que no puedo recomendar porque sólo la conozco de oídas.

Acerca de la amistad entre Revueltas, Lizalde y Paz, el segundo publicó hará unos quince años un texto al respecto en Letras Libres. Y si bien es cierto que hace unos días en la misma revista Román Revueltas Retes publicó una remembranza (“Escribía como un poseso”) de su padre, en la cual asienta que “en su temprana condición de comunista declarado y dogmático, le horrorizaba la pertenencia de Octavio Paz a lo que él llamaba ‘la derecha’. Decía: ‘¡No, no, él es de derecha!’”, el propio autor de Los días terrenales escribió una carta a su hija Andrea en 1971 desde la cárcel, incluida en Las evocaciones requeridas (1987), donde expresa lo siguiente: «El domingo pasado vino a verme Octavio Paz. Como siempre magnífico, limpio, honrado, este gran Octavio a quien tenía más o menos ocho años de no ver, o algo así… Nuestro tema fue, por supuesto, Heberto Padilla.» (p. 218). Lo primero no impidió lo segundo, amén de que lo afirmado por Revueltas Retes en la cita inicia sujetando a una temprana condición dogmática la opinión de Revueltas acerca de Paz, que no era ya la del heterodoxo novelista preso en ese 1971 por su participación en el Movimiento del 68.