-Este país no da para soñar tanto, y lo mejor es que cada quien se prepare como mejor pueda, -se dijo Rolando Alarcón y, tras una breve incursión en la Facultad de Música, optó por la auto-formación.
Impartió clases de batería en la Escuela Municipal de Bellas Artes de Veracruz; pasó por la Banda del Estado, y, poco a poco, se fue internando en el mundo del jazz.
-Vientos, maestro, muy bien, -le dijo Lucio Sánchez al final de una jam session

I’ll do it my way

BatacaCuando dejé el rock, mi camino dio una vuelta y empecé a ser un poquito más individualista en el asunto de la música, dejé de confiar en los grupos, dije “no, este país no da para soñar tanto, y lo mejor es que cada quien se prepare como mejor pueda, de ahí saldrán otras cosas”.
Empecé a conseguirme métodos de batería, a escuchar audiolibros, a ver videos, y me empecé a clavar, a clavar, a clavar. Estuve como dos años estudiando en mi cuarto como enajenado. Me despertaba temprano y me ponía a estudiar, bajaba a comer y a darme un baño, y me regresaba; me hice muy disciplinado. Creo que es la época en que más disciplinado he sido, y en la que he conseguido más cosas.
Por el año 2000 un amigo me pasó un trabajo de dar clases de batería en Escuela Municipal de Bellas Artes (EMBA) de Veracruz. Como yo ya traía un roll de estudio, y ya había adquirido ciertas habilidades, ya podía dar clases, y me contrataron como maestro. Estuve ahí cuatro años; iba los miércoles y los sábados, y ese fue mi modus vivendi en esa época.

La mera Banda

Mateo Oliva
Mateo Oliva

Ese mismo año, o al año siguiente, un amigo, percusionista de la Banda Sinfónica del Estado, me invitó a su casa a echar unas chelas, y me empezó a enseñar lo que tocaba, empezó a decirme:
-Mira, esto es tal estudio de tal rola; y este papel es de esto, y esto
Y luego me dijo:
-¿Por qué no vas a la Banda del Estado?, ve a escuchar e igual y nos echas la mano porque hace falta un percusionista.
-Oye, pero es que yo no leo a primera vista, leo a primera bestia (risas)
-No, pues no hay bronca, tu ve y ahí vas a practicar

Y fui. En ese entonces estaba el maestro Mateo Oliva dirigiendo la banda, y me presentó con él.
Uno de los músicos de la sección de percusiones se había ido a estudiar a Holanda; yo no iba exactamente como suplente, porque él tenía una formación en ese estilo y en ese género de percusión, y yo no, yo entraba a cubrir ciertos vacíos, a tocar lo que llaman percusión menor: panderos, crótalos, campanas, algunos platos, bombo.
El repertorio era de marchas, el himno nacional, y temas de cine. Ahí estuve casi un año; iba todos los días a ensayar, de 8 a 10 de la mañana. Nos presentamos en muchos lugares, fuimos a Campeche, a Camarón de Tejada, al homenaje del 5 de mayo, a Veracruz; tocábamos en los arríos de bandera, y de repente había que ir a recibir a algún político. Lo más padre era tocar temas de películas.
TriánguloAhí tuve que aprender a seguir la partitura, a veces tenía 80 compases sin hacer nada, y en 81 tenía que dar un golpecito, y de repente se me iba (risas) era muy chistoso.
Una vez se presentó en la USBI la Obertura 1812, de Tchaikovski, que es una obra monumental. Estaba la Banda del Estado hasta enfrente, la Orquesta Sinfónica en medio, y el Coro de la Universidad atrás. Yo estaba emocionadísimo, habíamos ensayado mucho. Mi rol era dar un triangulazo en el compás 120 de la hoja 4, era kilométrica la partitura; yo estaba esperando, esperando y a mera hora se me pasó, (risas), ni modo, son cosas que pasan, pero aprendes mucho.
En el CXIV aniversario de la Banda del Estado se grabó un disco; por ahí hay unas claves chuecas; ese soy yo. Aún tengo el recibo de honorarios, me dieron mil varos.
No me considero sinfónico, definitivamente, faltaría al respeto a los que lo son de a de veras, pero de algún modo estuve ahí y aprendí mucho.

All the Things Jazz Are

Franco Bonzagni, Rolando Alarcón, Tello Castillo
Franco Bonzagni, Rolando Alarcón, Tello Castillo

Después empecé a ensayar cosas de jazz con amigos como Tello Castillo, bajista, Manuel Viterbo, guitarrista, después con Nachito Quinto (bajista), y comenzamos a sonar a tríos, tanto con Nacho como con Tello. Éramos la nueva generación (la del 2000), y así empecé a conocer a los maestros: Lucio Sánchez, Franco Bonzagni, José Miguel Flores, el pianista, Humberto León, Alain Derbez, Emiliano Marentes. Hicimos un quinteto que se llamó Quinto Cerro, con Alain en el sax, Emiliano en la guitarra, Manuel Viterbo en la otra guitarra, Nacho Quinto en el bajo y yo en la batería. Empezamos a tocar en el Café Calli y en varios lugares más de aquí, y fuimos al DF a tocar en eventos de Jazzamoart. Después toqué a trío, con Alain Derbez y Ana Ruiz, pianista, en una onda más free.
También hicimos un trío con Tello Castillo y Franco Bonzagni; era muy chistoso porque nos presentábamos en eventos de la religión bahá’í. Eran como tertulias y hablaban del amor y paz, del mundo, y cosas así; yo iba por tocar con Franco, ¿no?, pues porque es un muy buen músico y el modo de aprender es tocando con los grandes que te van guiando. Llegamos a tocar como tres o cuatro veces en ese tipo de eventos, y fue chistoso.

Manuel Viterbo, Alain Derbez, Nacho Quinto
Manuel Viterbo, Alain Derbez, Nacho Quinto

Hicimos otro grupo que se llamó Chango sin mecate; estábamos Jekk (Muzik), Emiliano (Marentes), Manuel (Viterbo), Nacho (Quinto), y yo. Tocábamos standards y piezas pop en versiones jazzeronas, piezas de Sting, de Stevie Wonder, Joe Cocker, Cyndi Lauper, y a la gente le gustaba. Estuvimos tocando como 9 o 10 meses en la Tasca, todos los sábados; a veces tocábamos los viernes en el Calli; el chiste es que prácticamente todos los fines de semana tocábamos de una a tres veces.
Tocar con toda esta gente fue mi primera escuela.
En esas épocas también estuve en grupos de versátil, que es otra escuela. Así es como la oreja se te va formando y se te va desarrollando, se te va haciendo más grande; escuchando de todo y resolviendo. En el escenario tienes que resolver, porque si no, llaman otro y adiós; me pasó algunas veces.

¿Cuántas veces nos miramos, / y tocamos hasta el amanecer?

Jazz FestTambién entré como a cuatro de los seminarios de jazz que organizaba Javier Flores Mávil, y en uno de esos, no me acuerdo en qué año, me anoté para subirme a un palomazo. La modalidad ese año fue que tenías que anotarte en una lista y decir en qué estilo ibas a tocar; latin, swing, o qué sé yo. El chiste es me anoté en una lista en la que estaba uno de los Patrón, no me acuerdo si Víctor o Mario, uno o dos de los Ramos, los saxofonistas, Pancho Lelo (Francisco Lelo de Larrea, guitarrista), que eran de flota pesada del DF; estaba un tocayo mío, Roland, un trompetista inglés que venía de San Miguel de Allende; Lucio Sánchez en el bajo y yo en la bataca. Yo a Lucio lo conocía porque, ya sabes, era como un fantasma que se aparecía en los toquines de todos, escuchaba una rola y se iba (risas); yo así lo conocía, pero en realidad nunca había platicado bien con él, no te podría decir que éramos cuates. Bueno, nos subimos a tocar creo que Footprints, el chiste es que, como era puro músico pesado, pues no puedes bajar la guardia, tienes que estar al tiro y me acuerdo que sonó súper bien. Al terminar, Lucio me dijo: “vientos, maestro, muy bien”

(CONTINUARÁ)

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