Estamos en abril, momento en el cual algunos nos asombramos con lo rápido que se está yendo el año y reflexionando sobre muchos de los propósitos que hicimos para este 2018. ¿Por qué, a pesar de que deseamos algo, nos cuesta tanto ponernos a trabajar para conseguirlo? La motivación es precisamente lo que nos empuja a hacer algo, con la finalidad de obtener una recompensa. Pero, ¿cómo funciona esta?

Para la mayoría de los expertos en la materia, la motivación se sustenta en 3 pilares fundamentales:

1.- Autonomía: Si se obliga a la gente a conseguir algo, posiblemente se logre, pero se desgastará su fuerza de voluntad y a largo plazo el “éxito” será insostenible. Los grandes líderes crean convicción, establecen confianza y vínculos estrechos, haciendo sentir importante a la gente y en control de su destino. Solo así es posible generar un cambio, ya que las creencias de dicho líder los seguidores las harán suyas, pero porque quieren, no porque deben. Si bien a veces las metas deben estar claras, las personas deben sentir que tienen libertad para implementar sus propias estrategias y metodologías para conseguir estas. Es fundamental que exista diálogo, flexibilidad y retroalimentación. Dentro de dicha autonomía, es imperativo que la persona confíe en sus propias capacidades para conseguir un objetivo. Se debe ver a la capacidad como algo que puede desarrollarse con esfuerzo y dedicación y no tanto como algo fijo e innato. 

2.- Sentido de logro: A nadie le gusta sentirse incompetente e inútil. Cuando la gente realiza actividades sencillas y consigue metas realistas y tangibles, se aumenta automáticamente la confianza en uno mismo. Los cambios bruscos rara vez funcionan. La mayoría del aprendizaje significativo se da a través de la experiencia de uno mismo. Es mediante las pequeñas victorias y los pequeños logros cotidianos que se desarrolla este componente de la motivación. Cabe mencionar que las actividades son como pequeños pasos que siempre nos deben orientar hacia la consecución de algo en específico, como una meta. Aunque siempre es bueno orientarse a resultados y ponerse objetivos que puedan medirse, el simple hecho de que el propósito sea en sí mejorar, aunque sea paso a paso, resulta fundamental.

3.- Valor/propósito: Lo que es importante para una persona depende en gran medida de sus valores y creencias respecto a algo. Lo que se valora hoy puede cambiar mañana. Esto depende en buena medida de las experiencias de una persona, la cultura a la que pertenece y la influencia de sus familiares, amigos y aspectos como la tecnología. No obstante, es indispensable conocer con claridad en qué momento mental se encuentra una persona, analizar sus emociones, pensamientos, tipo de personalidad y conducta; así será posible motivarle a conseguir un objetivo. Si las metas establecidas no se alinean con los valores y creencias de la persona, difícilmente habrá motivación y nuevamente la fuerza de voluntad terminará por agotarse. Generalmente, los cambios de valores y creencias se dan más naturalmente a través de líderes de opinión en los que confía una persona (personas respetadas, congruentes y que a través de su trabajo pueden demostrar conocimiento y dominio de un tema en particular) o bien cuando una persona reflexiona sobre sus experiencias y los resultados obtenidos de estas. El por qué de una actividad y el propósito personal que orienta una determinada conducta debe ser el punto de partida. Después de eso se puede pensar en el qué conseguir y cómo conseguirlo. 

Es importante considerar que después de un tiempo, obtener la misma recompensa no provoca el mismo nivel de placer que al principio, por lo cual, para poder renovar la motivación es necesario estar abierto a nuevas experiencias, fijarse nuevas metas, analizar cómo está evolucionando nuestra sociedad y de qué manera podemos contribuir, entre otras cosas. Dentro de las mismas actividades y rutinas, siempre es posible recordar cuál es nuestro propósito, enfrentar nuevos retos e innovar. 

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