Del abogado Di Blasi, en la obra de Leonardo Sciascia El consejo de Egipto: “Cada sociedad genera el tipo de impostura que, por así decir, se merece. Y nuestra sociedad, que en sí misma constituye una impostura, una impostura jurídica, literaria, humana…Sí, humana, incluso de la existencia, diría yo…Nuestra sociedad no ha hecho otra cosa que producir, de manera natural, obvia, la impostura contraria.”

Engaño con apariencia de verdad. Impostura.

Demasiado tiempo de vacaciones. Enseñanza esta para las generaciones presentes-emergentes  de que hay que tomar periodos de “descanso”, períodos de sombra económico-social-intelectual, en este nuestro país en donde de acuerdo a cifras económicas más del 50 % de la población se encuentra en pobreza y gravemente otro 12 % en pobreza extrema. Hemos pasado del lumpen de la teoría marxista, a la miseria humana, miseria en todos los sentidos. Miseria como aquella a la que Víctor Hugo visualizó con su análisis acucioso y que recrea en su obra Los miserables.

La religión católica, que ha sido durante bastante tiempo, la dominante en esta nación, producto de una invasión, que no conquista, fusiona la devoción con la oportunidad del  periodo vacacional escolar denominado de Semana Santa.

Cuando la celebración católica del martirio y  resurrección de Jesús, es de tres días a lo sumo, los más destacados. La población, “festeja”, acudiendo al mar, a los balnearios, a los ríos, a las albercas y los menos a la liturgia religiosa; que inicia el domingo de ramos, continua con el lunes santo, en donde Jesús se “encamina a la higuera a buscar frutos, porque sintió hambre”, el martes santo, es el día de las grandes controversias; como estas de la religiosidad, en donde Jesús, acude al Templo; en donde “ya no hay vítores de los acampados alrededor de Jerusalén”, el miércoles santo, en donde Jesús no acudió al Templo, sino que “permanece en Betania en una vigilia de oración”, de ahí el Triduo Pascual, máxima celebración de la iglesia católica y de los católicos, en donde se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús, ya conocido como Jesucristo, que abarca jueves, viernes y sábado santos, y el domingo de resurrección; conocido también como: Domingo de Pascua, que celebra la resurrección de Jesús al tercer día.

Estas acciones, conmemorativas; recuerdan, festejan o celebran hechos de la iglesia católica, que debieran ser, según se nos ha dicho, para dedicarse a la oración y reflexionar sobre Jesús y su infinita misericordia.

Pero estos hechos de conmemoración y conmiseración de la religión católica, se generalizan en la población, con el “periodo vacacional”, y es ahí en donde esta el pecado de Estado. Un hecho religioso, propio de una iglesia, que deplora a las demás religiones, que profesan una gran cantidad de habitantes en este país, ciudadanos de distintas sensibilidades y condición social-religiosa, reclaman, sin elevar la voz, hace tiempo ya, el derecho de equidad religiosa.

Esta incongruencia de estatus religioso, en un país “laico”, incide, penosa y dramáticamente, en la condición de pensamiento, palabra, obra, actitud y comportamiento en quienes son enseñados, a que se suspendan las actividades escolares, por un acto religioso.

La confianza en el Estado jurídico, protector de los hechos y la consciencia social, se ha perdido, y esto inestabiliza  la condición humana, que va asociada cada vez con mayor intensidad a la sensación de inseguridad y temor, lo cual provoca en el ser humano la búsqueda de protección, comprensión y compasión en las diversas religiones.

Cuando la población religiosa aumenta, es que el Estado se ha debilitado.

De la indiferencia del Estado

Este periodo vacacional, se prolonga una semana más, en donde los gobiernos; municipales, estatales y federal, no implementan actividades que permitan a los escolares y sus familias acudir a las bibliotecas, en donde se les explique la diversidad de libros y la oportunidad de la lectura, los museos cierran o dejan de realizar actividades culturales, las zonas arqueológicas no son promovidas, los centros de exposición de arte no otorgan la ocasión de que permanezcan abiertos o con dinámicas para invitar a la población a disfrutar de las obras, no se brinda la oportunidad de asistir a diversos centros a escuchar música. Las unidades deportivas permanecen limitadas o paralizadas, en un país en el que los padecimientos metabólicos deterioran la salud pública.  Todo se deja ahí, a la costumbre de un evento religioso, en manos de una iglesia, la católica, que desde hace bastante tiempo ya, ha mantenido la alienación del pensamiento y la conducta espiritual de este pueblo, provocando y acentuando el sentido de culpa, en donde el pecado es la consciencia de dominio sobre los individuos, limitando la libertad del ser. Estos hechos religiosos de los fundamentos bíblicos, también  se han distorsionado, generando confusión en el hacer de los creyentes, ¿o acaso por eso, es que han extraviado ya la creencia? Y la población, ¿quién sabe por qué instinto?, se empuja en un éxodo,  hacia las carreteras, los mares, los ríos y balnearios, en donde muchos de ellos encuentran la muerte.

Quizá sea parte del drama de Jesús.

Sintácticas

De una señora respetable de Misantla:

Cuando salgo, yo dejo el celular en mi casa, porque si no, no me daría cuenta de las chingaderas que pasan en mi pueblo.

De una acuciosa dama misanteca:

Quién sabe qué tienen las escaleras del palacio, que cuando suben por ellas, se marean.

De la obra de Thomas Mann Dr. Faustus; el pintor francés Delacroix escribió un día al compositor y virtuoso pianista polaco Frédéric Chopin:

Espero verle esta noche…pero este momento es capaz de volverme loco.

De Michelle Knight a su secuestrador durante el juicio, secuestrada con otras dos chicas de 14 y 16 años de edad, durante diez años, sometidas durante su cautiverio a abusos, en el estado de Cleveland EEUU:

No voy a dejar que lo que tú me haz hecho me defina.

En una entrevista a la actriz húngaro-estadounidense Zsa Zsa Gabor:

¿Cuántos maridos ha tenido?

¿Aparte de los míos?

El ritmo, la voz, la belleza de la Divina Banda cubana:

 

Gracias Luis