A Dante Delgado Rannauro, la vida le ha brindado la oportunidad de tomar debida venganza de sus adversarios, de los que le han causado daño. En tiempos de don Rafael Hernández Ochoa, a Dante le arrebataron, a la mala, la oportunidad de ser alcalde de la ciudad de los Treinta Caballeros, Córdoba. Con el apoyo de doña Teresita Peñafiel, Dante había logrado la candidatura priista, pero amigos de Juan Herrera Marín, muy cercanos a Hernández Ochoa, se la tumbaron. A la vuelta del tiempo, Dante fue Gobernador y ahí se presentó la oportunidad, que no dejó pasar, de cobrar facturas y agravios. Hoy, gracias a su perseverancia y a su trabajo como político con visión de estadista, tiene otra, la factura más grande, la que le debe el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, autor material de su encarcelamiento por dos años cuando le fue inventado un expediente que no correspondía a la  realidad para usarlo en su contra y mantenerlo recluido. Yunes Linares se ensañó con Dante, con Gerardo Poo Ulibarri y con Porfirio Serrano Amador, pero con el exgobernador fue más cruel porque, estando Dante en Pacho Viejo, falleció su señor padre; Dante pidió permiso para acudir al funeral y el entonces secretario de Gobierno, Yunes Linares, en uno de sus excesos de poder dijo que sí, solo que tendría que ir esposado y fuertemente resguardado, como si se tratara de un peligrosísimo delincuente, capaz de aprovechar la oportunidad para escapar. Don Pedro Delgado, el padre de Dante, partió sin la presencia de su hijo… Hoy, Yunes, el verdugo, le suplica ayuda.