Durante la administración de Fidel Herrera Beltrán era muy común escuchar que sus colaboradores más cercanos se refirieran al gobernador como “El Z Uno”. La presencia de grupos delictivos a lo largo y ancho del estado se multiplicó con el arribo al poder de Fidel, y sus acciones se extendían por todos los rincones del estado. En Xalapa, por ejemplo, se vivieron momentos de terror cuando un día, a media mañana, dos camionetas llegaron hasta la entrada de la Plaza Clavijero, en la calle del mismo nombre, de las que descendió un comando de ocho delincuentes portando armas largas, quienes se dedicaron a recorrer la plaza, puesto por puesto, advirtiendo a los propietarios que a partir de esa fecha solo venderían discos pirata que ellos iban a proporcionar y que la cuota por “derecho de piso” era de tanto. Esa acción fue protegida por camionetas de la policía estatal que bloquearon los accesos al tramo mientras los delincuentes sometían a los comerciantes. La tarde de ese día, en la Plaza Lerdo se manifestaron los agredidos con mantas exigiendo protección de las autoridades, pero nadie los atendió. Por la noche, dos de los líderes de esos comerciantes fueron sacados de sus domicilios y llevados a las afueras de la ciudad donde fueron ejecutados. Más de la mitad de los comerciantes no regresaron a sus negocios y los que lo hicieron fue para sacar sus pertenencias. Fue el inicio de una larga historia de secuestros, extorsiones, robos, cobros por derecho de piso, que le atribuyeron a Fidel Herrera por vender la plaza. De ahí se desprendieron infinidad de leyendas urbanas que a la fecha se cuentan, lo cierto es que también a la fecha los comerciantes siguen pagando el “derecho de piso”.