Un equipo de científicos del Boston Children’s Hospital y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard (EE. UU.) ha identificado -gracias a experimentos con ratones- una reacción en cadena que explica por qué nuestros propios cuerpos pueden volverse contra las células sanas. Este descubrimiento podría transformar nuestro conocimiento sobre las enfermedades autoinmunes y la forma en que las tratamos.

¿Cuál es el desencadenante?

La reacción, descubierta después de cuatro años de investigación en ratones, ha sido descrita como un “tren fuera de control” donde un error conduce al organismo a desarrollar una forma muy eficiente de atacarse a sí mismo.

El estudio se centró en las células B (debido a que los linfocitos B tienen un papel importante en la regulación del sistema inmunitario, tanto en condiciones fisiológicas como patológicas). Normalmente estas células producen anticuerpos y programan las células inmunitarias para atacar antígenos no deseados (o sustancias extrañas), pero los expertos encontraron un “interruptor de anulación” en las células B de los roedores que distorsionó este comportamiento y causó ataques autoinmunes.

Según uno de los autores del trabajo, Michael Carroll, “una vez que se pierde la tolerancia del cuerpo a sus propios tejidos, la reacción en cadena es como un tren fuera de control. La respuesta inmune contra las proteínas del propio cuerpo, o antígenos, se ve exactamente como si el organismo estuviera respondiendo a un patógeno extraño”.

Estas células B podrían a su vez explicar el fenómeno biológico conocido como epítopo (porción de una macromolécula que es reconocida por el sistema inmunitario) donde nuestros cuerpos comienzan a cazar diversos antígenos que no deben estar en la “lista de limpieza/caza del sistema inmune”.

La difusión de epítopos en el organismo sí que se ha observado durante mucho tiempo en laboratorio, pero los científicos desconocían de qué forma sucedía y por qué las enfermedades autoinmunes evolucionan con el tiempo para dirigirse a un catálogo en constante expansión de órganos y tejidos sanos.

Por ello, los investigadores examinaron un modelo de ratón con la enfermedad autoinmune del lupus, considerada una modalidad “clásica” de la enfermedad autoinmune en la que se basan muchas otras.

El lupus es conocido como el gran imitador, porque la enfermedad puede tener tantas presentaciones clínicas diferentes que se asemeja a otras condiciones comunes. Es una enfermedad de múltiples órganos afectados y con una plétora de potenciales objetivos antigénicos”, comenta Søren Degn, coautor del trabajo.

Los científicos utilizaron proteínas marcadoras fluorescentes para rastrear distintas células B en el cuerpo de los roedores. Cuando las células B detectan un cuerpo extraño -o algo sano que parece ser un cuerpo extraño- se mueven en grupos llamados centros germinales (es por este motivo por el que los ganglios linfáticos se hinchan cuando tenemos un resfriado, por ejemplo).

Los clones de las células B luchan entre sí dentro de estos centros para que el cuerpo pueda determinar qué anticuerpo es el más adecuado para combatir la amenaza y, en el caso de este estudio, significaba que un color ‘ganaba’ frente a los demás.

El problema surge cuando el cuerpo identifica incorrectamente una proteína normal como una amenaza. Cuando eso sucede, se producen autoanticuerpos que resultan muy eficaces para dañar nuestros propios cuerpos.

Los investigadores han descubierto que “con el tiempo, las células B que inicialmente producen los autoanticuerpos comienzan a reclutar otras células B para producir autoanticuerpos adicionales dañinos”, dice Degn.

Hasta ahora esto solo se ha observado en ratones, pero los investigadores quieren utilizar esta técnica de ‘confeti’ para ver de qué forma se regula y se acelera esta producción de células B de autoanticuerpos.

El bloqueo de los centros germinales podría suponer una ruptura en el círculo vicioso que crean las enfermedades autoinmunes pues bloquearía eficazmente la memoria a corto plazo del sistema inmunológico.

“Este hallazgo fue una sorpresa. No sólo nos dice que las células B autorreactivas están compitiendo dentro de los centros germinales para diseñar un autoanticuerpo, sino que también vimos que la respuesta inmune se amplía para atacar a otros tejidos del cuerpo, llevando a que el epítopo se extienda a la velocidad de un tren fuera de control”, aclara Carroll.

Con información de Muy Interesante