Dicen que la oportunidad la pintan calva y por eso cuando se presenta hay que aprovecharla. Los políticos oportunistas, conocidos como chaqueteros o camaleónicos, son fans de ese refrán; cada que así conviene a sus intereses cambian de partido político. Ricardo Ahued, por ejemplo, fue panista y se volvió priista gracias a que este partido le construyó un camino seguro hacia la presidencia municipal xalapeña; más tarde lo hizo diputado federal y, luego, legislador local; sin embargo, como ve que el PRI en Veracruz quedó en calidad de cascajo tras el paso de los huracanes Fidel y Javier, ahora anda rogando a los líderes de Morena que lo arropen y lo hagan candidato de lo que sea, apoyado en el cuento de que su hijo es fundador de ese partido, que él ya está hasta la madre de los desatinos de los gobiernos priistas y que “le gusta” como piensa Andrés Manuel López Obrador… ¡vaya cinismo de este oportunista! Otra que anda en la misma tesitura es la señora Ana Miriam Ferráez, sí, la misma que acaba de perder la elección municipal por Xalapa con la bandera de la alianza PAN-PRD, que antes fue priista de corazón y en los hechos apoyó campañas de los colorados, pero como “su amigo” Yunes Linares la convocó para la candidatura panista, aceptó de inmediato. Ahora que ya se percató de la realidad, de que Morena es un partido real, el de los más jodidos y por lo tanto el de las mayorías, coquetea con el pésimo clon de AMLO, el diputado federal Cuitláhuac García Jiménez, potencial candidato por segunda ocasión al gobierno del estado en 2018. Ana Miriam calcula que, siendo aliada del Cuic, la harán cuando menos candidata a diputada local y así llegará al Congreso Local arrastrando un negro historial de pésima conducta como madre de familia, como persona, como política y como xalapeña.