El periodista de El Universal, Salvador García Soto, dice en su columna de este miércoles que entre las decisiones que se cocinan en Los Pinos de cara a la sucesión presidencial del 2018, el relevo en la dirigencia nacional del PRI es de los pasos que se ven necesarios y urgentes.

“La realización de una Asamblea Nacional en agosto requiere, a decir de los priistas de la cúpula, de un dirigente más experimentado, un priista probado y que inspire más respeto entre los militantes y grupos del partido”, dice el periodista.

Agrega que entre los perfiles para sustituir a Ochoa Reza se mencionan a tres hombres de experiencia política y partidista: El ex gobernador de Chihuahua y actual director del ISSSTE, José Reyes Baeza, cercano a Miguel Ángel Osorio Chong y a José Narro.

Otro candidato es el ex gobernador de Querétaro, José Calzada Rovirosa, titular de la SAGARPA y cercano a Luis Videgaray. Y el tercero sería el senador Emilio Gamboa Patrón, político que ha sobrevivido más de seis sexenios en posiciones de poder y es operador de confianza del presidente Peña Nieto.

García Soto dice que el relevo en el partido podría darse a más tardar en julio, “en la idea de que la nueva dirigencia se meta de lleno a la organización y preparación de la XXII Asamblea y en la implementación del nuevo esquema que preparan ya en Los Pinos para elegir al próximo candidato priista a la Presidencia. Del liderazgo que se elija para el viejo partido se derivarán también señales y definiciones para un 2018 que sigue siendo cuesta hacia arriba para el PRI”.

¿Qué tanto impactará esto en el priismo de Veracruz? Mucho.

El 4 de junio fue un día negro para el PRI estatal que apenas alcanzó, en alianza con el PVEM, 48 alcaldías. La mitad de las que tiene actualmente.

Esto lo colocó en una pésima situación en relación a sus oponentes más cercanos, la dupla PAN-PRD, que se despacharon con la cuchara grande y se quedaron con 107 de las 212 presidencias municipales.

Su dirigente, Renato Alarcón Guevara (que tomó el timón de un barco bastante deteriorado) hizo lo que pudo en apenas cuatro meses, pero no fue suficiente. Y en el PRI el que pierde se va.

Si Renato encontró un partido fraccionado y dividido quien lo reemplace tendrá, para empezar, que recoger los pedazos que quedaron regados por ahí. Y no será tarea fácil.

Desde antes de las elecciones municipales se habló del alcalde xalapeño Américo Zúñiga Martínez para dirigir al partido, pero algo pasó que se decidieron por Renato.

Tras la estrepitosa paliza que sufrió el PRI, las voces de los tricolores que aún se limpian el polvo de derrota comienzan a multiplicarse para que sea el munícipe quien tome el timón.

Américo ha hecho un trabajo sobresaliente en la presidencia municipal y ha demostrado una capacidad de liderazgo que ha trascendido los límites de Veracruz. Eso lo reconocen hasta sus adversarios.

Los ojos de los jerarcas nacionales se han vuelto a fijar en Américo como el hombre capaz de sacar al tricolor del atascadero y volverlo a posicionar como un partido fuerte.

Américo Zúñiga no es un fajador pendenciero y mucho menos un político protagónico. Es inteligente, pragmático y conciliador y eso es lo que necesita con urgencia el PRI.

Quienes apoyan su nominación aseguran que con un líder de su capacidad, ajeno por completo a las intrigas palaciegas y al tufo duartista, el partido estará en condiciones de competir en el 2018 y recuperar la gubernatura de Veracruz que se perdió, entre otras cosas, por tanto desatino como se cometió.

Pero los defensores de Renato, que los tiene, aseguran que seguirá en su puesto hasta el próximo enero porque sería una “muy mala señal” que el PRI tenga un quinto guía en menos de cuatro años.

Y aquí la pregunta sería ¿a qué se queda un dirigente que perdió de manera apabullante?

“Lo que urge es airear al partido con un líder que lo saque del hoyo para impulsarlo hacia arriba. Lo que viene en 2018 no será nada fácil para el PRI, y Américo Zúñiga está en el radar de los priistas para darnos ese impulso”, me dijo un miembro prominente del tricolor.

Veremos qué pasa en julio o a más tardar en agosto, después de la Asamblea Nacional.

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