La reacción de indignación que se percibe en la sociedad veracruzana por las revelaciones que hizo la semana pasada la diputada local panista Cinthya Lobato Calderón, está más que justificadas. No es posible que mientras miles de empleados perdieron su empleo al arranque de la actual administración y millones de paisanos se encuentren en situación de pobreza extrema, los miembros de la bancada panista en el Congreso local dispongan de dinero público para satisfacer sus adiciones personales como es el alcohol, la droga y el pago de prostitutas. Eso es lo que denunció la valiente diputada Lobato mediante un audio que hizo circular entre los medios de comunicación, en el que se escucha cómo increpa fuertemente al diputado Sergio Hernández Hernández, coordinador de la bancada panista y presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso, quien puso al frente del área administrativa del poder legislativo a un conocido lenón, a su amigo proveedor Carlos Fuentes Urrutia, alias “Chico Fuentes”, quien desapareció ¡73 millones de pesos! que dejó en caja la Legislatura anterior, entrega mensualmente a su jefe Sergio Hernández un millón 600 mil pesos para “gastos personales” además de pagar francachelas, putas y droga para sus diputados, los hipócritas diputados panistas. Si el Fiscal, que ha citado a Lobato a comparecer en el tema de las denuncias, quiere ahondar realmente en el reconocimiento de las fallas señaladas, nomás que se dé una vuelta a la calle de Bucarest, en el Fraccionamiento Monte Magno, en cuya casa marcada con el número 14 se sospecha el intercambio de flujos corporales entre los fogosos panistas y las bellas mujeres que cobran lo que antes decenas de empleados tirados a la calle… ¿Ese fue el cambio? ¡Peores por malos!