El cadáver político del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, se ha convertido en un platillo que todos quisieran tener para engullir. El PRI, en voz de su dirigente nacional Enrique Ochoa Reza, ha salido a decir que se le aplique todo el rigor de la ley a este putrefacto corrupto, quien tiene que regresar todo lo que se robó de las arcas públicas, pasando por alto que gran parte del botín económico lo entregó a sus “cuates en el poder” para comprar impunidad; por otra parte, el gobernador panista de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, ha dicho que gracias a sus trece años de investigación sobre el desfalco a Veracruz, lo que costó una campaña de lodo terrible en su contra e incluso un atentado en contra de uno de sus hijos, se logró la detención de Javier Duarte, tal como lo ofreció, felicitando al presidente Enrique Peña Nieto por las investigaciones que realizó la PGR para detener a tan peligroso delincuente. Mientras tanto, los veracruzanos vemos con tristeza y escepticismo que la detención de ese regordete malhechor es solo un acto más de travestismo electoral que no nos llevará a nada positivo en términos de recuperar lo que nos robaron o, al menos, de que se haga justicia ante tantos crímenes cometidos en el duartismo. Tiene razón la coordinadora del grupo parlamentario del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en la Cámara de Diputados, Rocío Nahle García, cuando afirma: “Es una vergüenza que el PAN esté reclamando el cadáver político para ganar votos, es una vergüenza porque también ellos son los reyes de la corrupción; nada más hay que escarbarle a los sexenios de Fox, precisamente con Oceanografía, o a los de Calderón, con Odebrecht, OHL, Repsol, y tienen ya un gobernador en la cárcel”.