El sentimiento generalizado en torno a la detención y encarcelamiento del exgobernador interino Flavino Ríos Alvarado, acusado de haber colaborado en la huída de Javier Duarte de Ochoa, al facilitar una aeronave del Gobierno para que fuera trasladado a Coatzacoalcos, es de muchas dudas. El veracruzano común se pregunta ¿cómo es posible que los delincuentes que cometieron los atracos a las arcas públicas y se coludieron con la delincuencia organizada para brindarles protección e impunidad, se paseen tranquilamente por las calles de Xalapa, Coatepec y Veracruz, donde con frecuencia se les ve, u ocupen una curul local o federal muy quitados de la pena, sin que nadie los moleste como lo había prometido el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, de que los enjuiciaría por corruptos, incluso que a uno de los cómplices de Duarte? Y lo peor, que a Ricardo García Guzmán, ex Contralor y tapadera de Duarte, quien tuvo la participación más activa en el saqueo, lo hayan premiado con la candidatura a la alcaldía de Pánuco, en vez de procesarlo, y en cambio que al interino lo detengan y le dicten prisión preventiva por un año, haciendo de esto otro escándalo mediático más, de esos que ya nadie cree. El abuso del poder, los excesos, desgastan y más temprano que tarde se revierten. Los veracruzanos exigimos cárcel para los criminales que nos saquearon, no más patrañas.