La balacera protagonizada el mediodía de este domingo 25 por miembros de la delincuencia organizada, que puso en jaque a varias calles céntricas de Xalapa, es solo un reflejo de lo que los habitantes de la capital del estado vienen padeciendo desde hace varios años, lo que muestra que nada ha mejorado y, por desgracia, puede recrudecerse. Todo comenzó hace años cuando, en plena mañana, miembros de un grupo delincuencial llegaron con armas largas a la Plaza Clavijero, para comunicar a decenas de vendedores ambulantes que estaban instalados ahí que, a partir de ese momento, tenían que pagar una cuota mensual si querían continuar con su actividad comercial y conservar su vida. Uno de los líderes se opuso, organizó una protesta frente al Palacio de Gobierno, donde nadie le hizo caso y al día siguiente apareció ejecutado. El pago del llamado “derecho de piso” se extendió por todo Xalapa y hoy son contados los comerciantes que lo libran. Frente a esta amenaza, muchos han decidido cerrar y alejarse del peligro, porque además del cobro de piso se sumaron las extorsiones, los secuestros, las desapariciones de jóvenes (que son muy constantes), los robos en casas habitación y a transeúntes y, en fin, una ola de violencia que mantiene a los xalapeños literalmente en la zozobra. Balaceras como la del pasado 25 son frecuentes en colonias aledañas y no trascienden porque las autoridades las ocultan para no alarmar a la población, pero… ¿estaremos condenados a padecer este cáncer de por vida?