Por Rafael Pérez Cárdenas

La población adulta en México vive una singular paradoja: si bien la expectativa de vida ha ido creciendo –nuestro país pasará en dos décadas de ser un país de jóvenes a ser un país de ancianos–, las condiciones de vida se deterioran con el pasar de los años. Hoy viven más de 12 millones de adultos mayores en México, sin embargo, ocho de cada diez lo hacen en condiciones de pobreza y abandono.

Según el Consejo Nacional de Población (Conapo), para 2050 habrá 150.8 millones de mexicanos y la esperanza de vida promedio será de 79.4 años, la más alta de la historia. Sin embargo, los ancianos tienen el índice de desarrollo social más bajo en el país, lo que se traduce en pocas posibilidades de vivir la vejez de forma digna.

El Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam) ha documentado que tres de cada cinco ancianos sufren violencia dentro de la familia. Y otro dato revela la realidad de los más viejos del país: el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición asegura que un 16 por ciento de los adultos mayores mexicanos sufre algún grado de abandono y maltrato como golpes, ataques psicológicos, insultos o robo de sus bienes.

Algunos son maltratados en el seno familiar.
Algunos son maltratados en el seno familiar.

Pese a ello, el abandono de un adulto mayor no figura en el Código Penal Federal. En el capítulo séptimo del ordenamiento legal sobre el abandono de personas sólo figura hasta cuatro años de cárcel si se abandona a un niño incapaz de cuidarse a sí mismo o a un enfermo. No habla sobre los ancianos del país.

En el marco del Día del Adulto Mayor —que se celebra cada 28 de agosto en nuestro país—, México vive una encrucijada para atender lo que será su mayor grupo de población. No sólo requieren de salud y servicios médicos, sino cada vez más de empleo y mejores pensiones para su subsistencia.

Una realidad lacerante es que siguen trabajando aún después de la edad promedio de jubilación, pues las pensiones gubernamentales no son suficientes: 3 de cada 4 varones entre 60 y 64 años están trabajando y 1 de cada 4 mayores de 80 años se encuentran laboralmente activos en empleos cercanos al salario mínimo.

La mayoría de estos empleos, reconoce el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), no cuenta con prestaciones mínimas para el adulto mayor como seguridad social, sueldo base, aguinaldo o seguro contra accidentes.

Además de enfrentar la pérdida de sus capacidades físicas y de ingresos para vivir, los adultos mayores se enfrentan a contextos de violencia y discriminación. De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), la edad es la tercera fuente de discriminación en el país. Peor aún, en una encuesta levantada por Parametría, 60 por ciento de los entrevistados consideró que la mayoría de los mexicanos ve a este grupo como una carga.

Radiografía de la vejez

La vida de los adultos mayores en México está marcada por al menos cinco condiciones que muestran con nitidez las dificultades de su supervivencia. A pesar de que muchos de ellos cuentan con el apoyo del seno familiar, la gran mayoría de ellos tiene que seguir peleando por lograr obtener un ingreso o servicios de salud.

En un informe del Conapo publicado por la revista Expansión, se establece que a la fecha en México hay 11.7 millones de personas mayores de 60 años, lo que representa 9.7 % de la población total, de acuerdo con proyecciones para 2017 del propio Consejo Nacional de Población.

El número de adultos mayores o “personas de edad” se duplicó en México en menos de un cuarto de siglo, pues en 1990 este grupo de edad sólo incluía a 5 millones. Y para 2025 y 2050, se estima que la cantidad de adultos mayores en el país aumentará a 17.2 y 32.4 millones, respectivamente.

A algunos abuelitos no les alcanza la pensión.
A algunos abuelitos no les alcanza la pensión.

De los 31.6 millones de hogares que hay en el país, en tres de cada 10 vive al menos una persona de 60 años y más, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), que aplica el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). De hecho, a nivel mundial, de acuerdo con el Fondo de Población de la ONU, 12 % de la población mundial tiene actualmente una edad de 60 años y más, es decir, más de 870 millones de personas.

La tasa de participación económica de la población de 60 años y más es de 33.7 %, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), también del Inegi. La mayoría labora por cuenta propia (50.5 %), mientras que 4.9% son trabajadores sin pago; incluso, una tercera parte de los adultos mayores económicamente activos (35.5 %) es subordinada y remunerada, mientras que la mitad de éstos no reciben prestaciones (49.2 %).

Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 2 de cada 10 adultos mayores pueden solventar sus gastos; los ocho restantes viven en situación de pobreza, 3.5 millones (45.7 por ciento), mientras que 36.6 por ciento (2.7 millones) están en situación de pobreza moderada y 10.1 (800 mil) viven en pobreza extrema, con 3.7 carencias en promedio.

A la fecha, tres de cada cuatro adultos mayores (74.3 %) se insertan en el mercado laboral informal. De estos últimos, uno de cada tres (33.5 %) gana hasta un salario mínimo (67.29 o 63.77 pesos diarios, dependiendo del área geográfica). Y deben trabajar porque las pensiones son pocas e insuficientes para afrontar sus gastos.

Solo una cuarta parte de los adultos mayores cuenta con una pensión (26.1 %), reveló la Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social (ENESS) —también del Inegi— realizada en 2013. Los hombres cuentan con una mayor cobertura (35 %) que en las mujeres (18.5 %), de quienes destaca que el 45.3 % reciben la pensión por viudez, es decir, gracias a un derecho laboral de sus maridos fallecidos.

De los hogares donde hay al menos un adulto mayor, más de la mitad (54.8 %) reciben una pensión por jubilaciones, pensiones e indemnizaciones por accidente de trabajo, despido y retiro voluntario; 9.3 % son beneficios provenientes de programas gubernamentales.

Hacen falta más profesionales para atender a los adultos mayores.
Hacen falta más profesionales para atender a los adultos mayores.

A nivel mundial, cerca de la mitad de las personas en edad de jubilación en el mundo no reciben ningún tipo de pensión, y no le alcanza para cubrir sus necesidades básicas a 52 % de quienes la reciben, alerta un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que analiza la situación en 178 países.

El reporte destaca que la mayoría de las personas mayores no tienen ingresos garantizados, y se ven obligadas a seguir trabajando, a menudo en condiciones de precariedad y con bajos salarios.

Por lo que hace a la salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que la población de 60 años y más enfrenta situaciones relacionadas con estos padecimientos, como las alteraciones en la movilidad, la presencia de dolor, enfermedades crónicas o la experiencia de alguna pérdida —familiar, salud, independencia, entre otros—, las cuales pueden causar aislamiento, soledad y angustia.

Y, generalmente, el final de la vida llega en condiciones de pobreza y abandono. Seis enfermedades crónico-degenerativas concentran más de la mitad (55.1 %) de las causas de muerte de este sector de la población, y de los adultos mayores que fallecen cada año, en promedio el 18.7 % no tenía seguridad social.

Para rematar, cifras de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010 muestran que en el país las personas adultas mayores integran el cuarto grupo de población vulnerable, y sólo en 17 de las 32 entidades federativas hay legislaciones locales de no discriminación a este sector. De acuerdo con el Conapo, para 2030 en México habrá más adultos mayores que jóvenes menores de 15 años y veinte años después, tres de cada 10 personas tendrán más de 60 años.

Los adultos mayores, los más vulnerables

Pese a su importancia social y su aporte a la economía del país, los adultos mayores resultan ser en los hechos el grupo de población más vulnerable. Ni las mujeres, los niños, los indígenas o las personas con capacidades diferentes carecen de tantas garantías como ellos.

Un documento distribuido por la Dirección General de Análisis Legislativo, del Instituto Belisario Domínguez (IBD) del Senado de la República, refiere que en México había 12.4 millones de personas de 60 años y más, de acuerdo con datos de la Encuesta Intercensal 2015.

El estudio del IBD dado a conocer por el senador Daniel Ávila, señala que las condiciones de vida de este sector de la población son las más vulnerables de la estructura social mexicana. Entre los indicadores que mejor expresan las condiciones de precariedad y desigualdad a la que se enfrentan, se encuentran la derechohabiencia a los servicios médicos y el derecho a pensión o jubilación.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Enoe), en el segundo trimestre de 2015, 86.4 por ciento de la población ocupada adulta mayor no tenía derecho a servicios de salud por parte de su empleo y solamente 13.6 por ciento contaba con esta prestación.

Se ha incrementado la población de adultos mayores en México.
Se ha incrementado la población de adultos mayores en México.

El panorama de los jubilados es preocupante y lo es más si consideramos que de acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), éste no mejorará a mediano plazo, pues más de la mitad de las personas trabajan en el mercado informal o en el hogar.

Hoy en día, cada vez son más las personas mayores ocupadas en el hogar para ser los cuidadores principales de sus nietas y nietos durante la jornada laboral de los padres y madres.

A pesar de todos estos problemas, nuestro país aún no ha firmado y ratificado la Convención Interamericana para la Protección de los Derechos de las Personas Mayores, con el propósito de avanzar en el reconocimiento, garantía y exigibilidad de los derechos de este grupo de población.

Este instrumento internacional reconoce que con frecuencia, las personas en esa etapa de vida se ven envueltas en una situación de vulnerabilidad en sus derechos al no contar con el acceso a los servicios que son indispensables para satisfacer sus necesidades más elementales.

Este hecho constituye una problemática compleja que requiere acciones integrales e interinstitucionales que les permita llevar una vida digna sin discriminación o maltrato. Por ello existe una gran preocupación para que no sean violentados por familiares, personas cercanas y, en general por la sociedad, al no comprenderse cabalmente su situación. Mientras tanto, poco hay para celebrar.