“Ya trepé todas esas montañas ahora estoy trepando otra.
El primer disco que hice después de mi último retiro,
Fish Out of Water, es muy calmo, muy silencioso.
Ese disco, ese sonido, cuenta la historia de mi viaje,
mi búsqueda, cuando viví en la cueva junto al mar.
Y lo mismo pasa con The Water is Wide:
es música muy simple y a la vez muy profunda.”
Charles Lloyd

El primer jazzista estadounidense en realizar una gira por la Unión Soviética nació en Memphis, ciudad de blues, en el tercer mes del año 38; se llama Charles Lloyd. Antes de su primer decenio, entre las bandas militares, descubrió un instrumento en forma de J, y supo cuál sería su destino. A los nueve años ya tenía un saxofón entre los labios, pero necesitaba una voz y fue a buscarla entre los bluseros; sus primeras bandas fueron las de B. B. King, Howlin’ Wolf, y Bobby “Blue” Bland.

B.B. King
B.B. King

Phineas Newborn fue su primer mentor, después ingresó a la Universidad de California del Sur, donde obtuvo el grado de Master; paralelamente recorrió con su instrumento las noches de la Costa Oeste, junto a sus contemporáneos Ornette Coleman, Eric Dolphy, Scott LaFaro, y Charlie Haden.

Charles Lloyd en el grupo de Cannoball Adderley
Charles Lloyd en el grupo de Cannoball Adderley

Al terminar sus estudios se unió a la banda Chico Hamilton, primero, y posteriormente al sexteto de Cannonball Adderley.
En 1965 formó su primer cuarteto con Ron Carter, Tony Williams y Keith Jarrett; un año más tarde, el bajista y el baterista fueron suplidos por Cecil McBee y Jack DeJohnette. Con esta formación se presentó en el Festival de Jazz de Monterrey, y obtuvo un éxito avasallador; esa sesión fue grabada y se publicó con el nombre de Forest Flower, álbum que logró la proeza de vender más de un millón de copias.
Un año más tarde se repitió la escena en el Tallin Jazz Festival, en Estonia, donde el cuarteto recibió una ovación de ocho minutos.Forest Flower
Era la década en la que el rock desplazaba al jazz, y Michael Avakian, su manager, propuso vestir la banda de colores psicodélicos y venderla como grupo de rock.
Lloyd, a diferencia de muchos jazzistas del momento, no tenía prejuicios contra esta música; “¡Claro que escucho a los Rolling Stones!, yo vivo en este mundo, ¿sabe?”, espetó a uno de sus detractores.
Charles-Lloyd-Love-INSe presentó en un santuario del rock de San Francisco, el Fillmore, donde compartió el escenario con Janis Joplin, Muddy Waters, Bob Dylan, Grateful Dead y Jimi Hendrix. El éxito fue inusitado, y con él vinieron el dinero, el alcohol las drogas, la agitada vida de la fama; tal vertiginosidad lo abrumó y hacia fines de la década, estando en la cumbre de su carrera, emprendió la huida en dirección a los acantilados de Big Sur, para buscar la paz entre las cenizas de Henry Miller, la narrativa de Jack Kerouac, y los versos de Langston Hughes (de esto habla el Jazzbecedario del 2 de julio).Charles Lloyd en Big Sur
“Las drogas y la presión de la fama me afectaron personal y musicalmente. Estaba haciendo lo que quería hacer, pero no era feliz. Necesitaba algo que las drogas no me proporcionaban. Con la música, podía irme a un mundo distinto, que era perfecto. Pero, cuando salía, no podía funcionar en el mundo real. A los treinta años, a fines de los 60, disolví mi banda y me fui. Sentía que había visto demasiadas cosas, demasiado sufrimiento: Booker Little, mi mejor amigo, había muerto a los 23 años. Scott LaFaro murió muy joven, Eric Dolphy también. La mayoría de mis héroes se habían ido, habían “dejado la ciudad”. La música está llena de enseñanzas y cuando uno profundiza en ella se da cuenta de que no tiene que ver con notas sino con el sonido, con el intervalo, y yo quería lograrlo. Vivía con mucha sencillez; al principio en una cueva de montaña, en Big Sur, cerca del mar. Era un territorio difícil y rústico y eso me ayudó a mirarme en el espejo de mis deficiencias y a superarlas. Después de una larga lucha, me volví más simple y conseguí meterme más hondo en la música. Cambié mi dieta; primero me hice vegetariano y empecé a comer sólo frutas. Después traté de no comer, vivía de agua. Pesaba cincuenta y nueve kilos, con mi metro ochenta y pico. Estaba tratando de purgarme, de vaciarme”, dijo a Eduardo Hojman en una entrevista.

Charles Lloyd, Michel Petrucciani
Charles Lloyd, Michel Petrucciani

Más de diez años de soledad, de reclusión, y de silencio fueron interrumpidos por la férrea voluntad de un joven pianista francés apenas conocido, Michel Petrucciani, músico que padecía una extraña enfermedad ósea que no le impidió trasladarse hasta la costa californiana, escalar penosamente la montaña, y llegar hasta el admirado alientista para pedirle que tocara con él.
“Cuando hizo su aparición trepando por las montañas apoyado en sus muletas supe que mi viaje había terminado”, recuerda Lloyd.
Entre 1982 y 1983 caminaron juntos, ejerciendo su oficio por múltiples atmósferas.
Después volvió a las cavernas hasta que una grave enfermedad lo llevó hasta un hospital, donde estuvo al borde de la muerte.
En el año 2000 volvió a nuestro mundo con el álbum Fish Out of Water. Su voz había cambiado, desde entonces es más profunda, más serena, más próxima al silencio.
En los siguientes trabajos se acercó al repertorio latinoamericano; abordó, primero, un par de temas de Silvio Rodríguez: Te amaré, y Rabo de Nube, esta última tiene una anécdotaRabo de nube
“Al final, todo consiste en cantar una melodía desde el interior del alma; algo que ayude a liberar el espíritu. Ése es mi sueño. Un ejemplo: cuando el 11-S, estábamos en el Blue Note y tocamos una canción de Silvio Rodríguez, Rabo de Nube. De repente, todo el auditorio estaba en lágrimas. Algo ocurrió, como si esta pieza hubiera liberado algo muy profundo”. (Charles Lloyd: viajero del espíritu)

Charles Lloyd
Charles Lloyd

Mirror, el álbum de 2010, contiene una versión conmovedora de La llorona:

“Es una canción muy hermosa y muy triste. Trata de una mujer que pierde a sus hijos y vaga en su búsqueda transformada en espíritu, así que muy alegre no puede ser, ¿no le parece?” (Charles Lloyd: un viaje en busca de la ternura)
Charles Lloyd buscó su música en el único lugar donde supo que podía encontrarla: en el silencio. Más que de aliento, su sax y su flauta parecen instrumentos de suspiro.
“… mi vida ha sido una búsqueda espiritual…lo que intento es contar una historia de esperanza. Cuando toco, quiero hacer una música que complazca al Creador y que de alguna manera alivie el sufrimiento del mundo”, afirma el último hippie , y yo le creo.

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https://www.youtube.com/watch?v=E9uFVRqxiwo

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